Juan Capetillo
Del 25 al 27 de enero del presente año, 17, Instituto de Estudios Críticos organizó el Encuentro Internacional: “Néstor Braunstein: Escrituras del psicoanálisis”. Este evento convocó a psicoanalistas de diferentes Escuelas y grupos del país, así como de Canadá, EUA, Ecuador, Francia, España, Uruguay, Brasil y Argentina. Si bien se trató de un homenaje, un recordatorio del personaje, se pretendió, entre otras cosas, -en mi opinión- poner en tensión la producción escriturista de Braunstein, interrogándola acerca de su carácter de obra trascendente.
Fui invitado a participar en este Encuentro por mi intervención para el otorgamiento del Doctorado Honoris Causa por la Universidad Veracruzana a Néstor Braunstein, en 2021. El tríptico de difusión, incluyó párrafos del discurso de Braunstein durante el recibimiento del galardón.
Personaje polémico, sin la menor duda, en el psicoanálisis en México, la iniciativa de incorporarlo al claustro de la mencionada universidad pública, nos significó amenazas que pretendían detener el proyecto, a los Dres. América Espinosa, Ricardo García y a quien esto escribe. En la instancia que debió votar la propuesta, el Consejo Universitario General, también hubo disenso; en este caso, más dirigido al psicoanálisis mismo que a la figura del candidato. Oposición universitaria que no debe sorprendernos tratándose del psicoanálisis; de cualquier manera, resultó incomparable con la virulencia de algunos agentes del campo psicoanalítico.
Como no lo fue en el Encuentro llevado a cabo por 17 Instituto de Estudios Críticos, no es mi propósito, tampoco, detenerme en este aspecto controversial del Dr. Brausntein, y no por considerarlo sin importancia, dado su papel en el psicoanálisis lacaniano en nuestro país, si no por decantarme por el otro, a mi juicio, resultado del coloquio citado: su eventual contribución a la teoría y práctica del análisis.
En uno de los ultimos escritos de Braunstein, un tema llamó mi atención: la reconsideración de la disputa sobre los métodos en el campo científico; me refiero al artículo: “A 40 años de Psicología: ideología y ciencia (1975-2015),” publicado, en 2016, en la revista: Teoría y Crítica de la Psicología; en éste, con relación al punto, presenta una propuesta de reordenamiento entre ciencias de la positividad vs. ciencias de la negatividad.
Es claro que la famosa querella de los métodos de finales del siglo XIX, que convocara a Freud, fue sólidamente reformulada, en el XX, por las aportaciones de la Lingüística Estructural, poniendo en jaque la posición asumida por el padre del psicoanálisis, frente a la célebre disputa epistemológica. El psicoanálisis es una ciencia natural, en tanto que sólo hay ciencias naturales, dictaba el monismo fisicalista de Freud, llevándolo a recusar el reclamo de reconocimiento y diferenciación metodológica de los representantes de las ciencias del espíritu, humanas, de la cultura. Éstos, formaban parte de lo otro, lo excluido de la ciencia.
El esclarecimiento, hecho por Lacan, de la pertenencia del psicoanálisis al campo del Lenguaje, formando parte de las disciplinas del signo, reubica al psicoanálisis en uno de los lados de la dicotomía resultante del debate epistémico del siglo XIX: como parte de las ciencias Ideográficas, aquellas a las que Freud consideraba no científicas, frente a las Nomotéticas, en las que insertaba al psicoanálisis. Descartado que esta imperfección de sus instrumentos conceptuales, epistémicos, afecte estructuralmente a Freud.
Dado el énfasis en la singularidad de los fenómenos abordados, las ciencias ideográficas, son subjetivas, al igual que el psicoanálisis. Aunque no descartan la aspiración a los universales, a las Leyes, no son éstas su pretensión ineludible, como sí lo son en las nomotéticas, las naturales, también conocidas, inocentemente, como “duras”.
En el artículo que mencionamos, Braunstein propone pasar de la clásica dicotomía metodológica entre ciencias de la naturaleza vs. ciencias del espíritu, a la de ciencias positivas vs. negativas. ¿Se gana en algo con esta reestructuración?, ¿avanzaríamos en definición epistemológica?, ¿en identidad epistémica?, como parece apostarlo el autor que comentamos. Las ideográficas (humanas, de la cultura, del espíritu), reformuladas después como: las del signo, las conjeturales, son ahora las de la negatividad, manteniéndose las nemotéticas, ahora nombradas: positivas, como su irresoluble heteregoneidad.
El sostén de la propuesta, que recoge antecedentes desde Bachelard, es la radical alteridad entre los hechos tratados por unas y otras: hechos positivos vs. negativos; su insalvable disimilitud exije que su abordaje sea distinto, abriendo la posibilidad de métodos, más allá del experimental.
Sobre este tema y la impugnación de la clasificación psiquiátrica operada por Brausntein (amén de anécdotas sobre su relación con la Universidad Veracruzana), versó mi presentación en el Encuentro citado. Me parece que estuvo implícita la pregunta sobre si, con su extensa producción bibliográfica, Braunstein contribuía de manera trascendental con el psicoanálisis; a reserva de la pregunta por lo que esto mismo significa.
La que sí se hizo explícita, durante las discusiones, fue la interrogante por la existencia o no de otro psicoanalista mexicano, de los años setenta del siglo pasado a la fecha, con una producción escritural equiparable a la de Néstor Braunstein, cuyos textos han sido y son muy leídos, muy discutidos, reimpresos varias veces, distribuidos en varios países, traducidos a diferentes idiomas, utilizados en seminarios, cursos, etc., otorgándole a su autor una indiscutible estatura internacional.
