La voluntad de un nuevo comienzo

El año nuevo era una fecha que me era indiferente. Al menos eso creía. Cierto pesimismo absurdo trataba de sostener diciendo que habría que celebrar todos los días o que no eran más que un día “normal”. Por suerte, el tiempo y la vida nos permiten resignificar y reposicionarnos ante muchas situaciones. Por suerte, la vida no pasa de oquis.

Ahora me es imprescindible hacer de estas fechas una especie de nuevo comienzo. No me refiero a la absurda idea de «año nuevo vida nueva». No. Lo que sí creo es que se trata de fechas que nos posibilitan nuevos comienzos. Son puntuaciones de la vida que nos permiten dar cierto sentido a lo anterior vivido. Insisto. No trato de sostener un romanticismo con esto. Sé que no todo comienzo es alegre; sé que no hay comienzo sin la sensación de dejar algo o alguienatrás; sé, también, que a todo comienzo le precede un final. 

Verán. En 1958 en su obra La condición humana Hanna Arendt, al final del aparatado donde aborda el tema de la acción, menciona lo siguiente:

El lapso de la vida del hombre en su carrera hacia la muerte llevaría inevitablemente a todo lo humano a la ruina y destrucción si no fuera por la facultad de interrumpirlo y comenzar algo de nuevo, facultad que es inherente a la accióna manera de recordatorio siempre presente de que los hombres, aunque han de morir, no han nacido sino para comenzar[1].

Por tanto, diría que hay algo de la acción que implica lo que Lacan le concedía el estatuto de acto. No por nada Lacan comienza su clase del 10 de enero de 1968 en el seminario de El acto psicoanalítico, hablando del año nuevo como un acto.

Además, que algo muera no quiere decir que no deje un legado, una herencia. Me gusta más la idea del legado que de la experiencia. En su etimología la experiencia hace referencia al ensayo, a la prueba, al experimento, a la acción “consciente” de crear las condiciones para repetir una acción y obtener resultados idénticos o similares. Sin embargo, el legado tiene en sí a la historia, la herencia transgeneracional que sostiene las culturas. La experiencia ante el legado me parece un significante estéril. No por nada es posible mercantilizar experiencias. Por otro lado, comenzar algo con un legado que nos precede, implica que comenzar no es comenzar sin historia. Se comienza con falta, pero no desde cero.

Quisiera continuar hablando sobre la relación de la muerte y el comienzo. Dos años después de la publicación de la obra de Arendt, Lacan en 1960, en el seminario sobre La ética del psicoanálisis habla acerca de la pulsión de muerte como un más allá del retorno a lo inanimado. Esa lectura que normalmente se hace la pulsión de destrucción, de llevar a cabo acciones que conlleven a la muerte del sujeto. Lectura que si bien está incluida en la propuesta de Freud no es la única que se puede hacer de la pulsión de muerte.

En el seminario antes mencionado Lacan piensa a la pulsión de muerte como una voluntad de destrucción directa, «voluntad de comenzar Otra cosa en la medida en que todo puede ser puesto en causa a partir de la función del significante», porque la pulsión de destrucción pone en duda todo lo que existe. Sin embargo —continúa Lacan— «ella es igualmente voluntad de creación a partir de nada, voluntad de recomienzo”[2].

Así, el año nuevo nos implica un punto de partida otro que nos permite mirar hacia el futuro, no sin tener en cuenta eso del pasado que se pierde o que nos sobrevive. Nuestro futuro heredado por esos otros que dejamos o nos dejan, por trabajos que resignamos, por mascotas que se van, por proyectos que en cierto lapso se quedan en el camino, por migraciones a las que la vida nos impele.

También hay situaciones y personas del año anterior o años anteriores que sobreviven, que heredamos en este nuevo año, como las nuevas amistades o como los problemas personales o contextuales. Por ejemplo, lo que sucede en estos momentos en Argentina o en Palestina. Situaciones que en este nuevo año es posible afrontar de otro modo. Y miren que Sudáfrica está poniendo el ejemplo.

Por último, que sea necesaria la muerte para comenzar otra cosa invita a ver la muerte con otros ojos. No por nada hay quien se muere de risa como quien se desvive por amor. Lo mismo con el año nuevo, nos permite resignificar el pasado y dar pie a un nuevo comienzo con la esperanza de que la repetición no se haga costumbre y poder desvivirnos por lo que deseamos.


[1] Arendt, H. 1958.  La condición humana. Paidós, 2005, p. 265

[2] Lacan, J. El Seminario. Libro 7. La ética del psicoanálisis 1959-1960. Paidós, 1997, p. 256.

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