La sociedad de los analistas muertos (de cansancio)

Parece chiste pero no lo es, ¿o sí lo es precisamente porque es un chiste? ¿De qué otra manera podría comenzar a escribirse esto si no es haciendo del título un chiste?

A lo largo de los pocos, muchos o algunos años que llevo en la clínica, me he percatado de dos cosas, la primera es en relación al discurso de los analizantes, curiosamente hay días en los que hay significantes que insisten y se repiten en cada sujeto que emerje en su asociación, como si se hubieran puesto de acuerdo en hablar de ese mismo significante. Por otro lado, cómo el significante de la temporada o del día festivo se repite en el discurso, por ello cuando es día de muertos, varios hablan de la muerte, lo mismo con el día de la madre, del amor y la amistad, y por supuesto, del padre.

Hoy 16 de noviembre, un significante apareció constantemente: el cansancio. Y no sólo sucede en los analizantes que escuché hoy, también en los analistas con los que comparto carteles, seminarios o amistad. Es común entre analistas escuchar cómo estamos cansados y esperamos con ansias un tiempo para “descansar”, precisamente un descansar que está entrecomillado porque la forma que tenemos muchos de hacerlo es aprovechando el tiempo para leer, escribir o preparar las clases que vayamos a dar una vez que regresemos de las vacaciones. “Aprovechar el tiempo”, ¿qué significa eso? Bien podría decirse que es lo contrario a no hacer nada, conjugación interesante que antepone la negación y deja la interrogante de qué es hacer nada, pero pareciera que los analistas no podemos estar sin hacer nada, y que aún en vacaciones, debemos muy kantianamente producir algo, generalmente escritos…, produciendo lo que falta. 

Evidentemente hablar de esta manera resulta complicado porque es sostener la noción de universalidad y no apelar a la singularidad de los analistas, quizás alguno esté leyendo esto y no concuerde porque en vacaciones apaga su celular y se va a la montaña a desaparecer por varios días.

¿Por qué nos cansamos los analistas si nos la pasamos todo el día sentados? Un amigo me decía con un tono de menosprecio a lo que hago, que ese es el “trabajo” ideal, sentarse y no hacer nada, o bueno, sentarse a escuchar, que para él eso y nada son lo mismo, y además cobrar por ello.

En varias ocasiones me he encontrado colegas conectados a altas horas de la madrugada y parece no sorprendernos que estemos “trabajando” en ese horario, investigando, escribiendo, leyendo. Pero si uno se encuentra a las 3 am con una persona que no se dedique a esto del psicoanálisis, generalmente se recibe un ¿qué no descansas? o un ¿no te cansas?, ¿a qué hora duermes? ¿Qué sucede que de repente ese cansancio se hace evidente y tiene efectos en la escucha? Hay analistas que dicen que eso imposibilita su escucha o que la vicia, otros dicen lo contrario, ya que encuentran en ese estado de somnolencia algo parecido a un trance entre la vigilia y el sueño y que curiosamente eso les hace mantener la atención parejamente flotante y curiosamente el cansancio les hace estar más “avivados” con las intervenciones.

Parece haber una delgada línea entre el deseo y el masoquismo con lo que hace el analista en su día a día y no me refiero solamente al pasarse el día escuchando cosas que nadie más quisiera oír, sino reunirse en carteles en horarios complicados y donde generalmente ya se tendría que estar descansando, escribiendo, leyendo para los grupos de estudio a los que pertenece, los seminarios que tiene impartir, las clases que debe preparar, etc.

Habría qué pensar qué posición ocupa cada uno como analista, si está en lo masoquista o en el deseo que se produce por aquella mordida de la que habla Allouch citando a Lacan, una mordida que no es nada más que creer en esa cosa absolutamente loca que se llama el inconsciente; en ese sentido, el ser mordidos por Freud hace que de esa herida supure deseo y evidentemente no es lo mismo que ser mordidos de manera masoquista, ¿o será que el actuar conforme a nuestro deseo tenga algo de masoquista?

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