Helí Morales
La voz parece ser la materialidad inmediata del lenguaje. Su modo de presentación. La voz hace de lazo entre los sujetos. Con ella se habla, llama, convoca, ordena, canta, odia; se ama. Si somos animales del lenguaje, la voz parece ser la base de la palabra. Por ella se dice y se escucha. La voz sería la sustancia viva de la palabra. Incluso cuando no aparece, la voz es. La voz dice sin decir. Cuando calla, es lo negativo del lenguaje. El silencio puede estar poblado de voces. El silencio dice en la voz que calla. La voz es el mutismo del lenguaje cuando se niega su accionar. La voz parece ser el instrumento vital del discurso.
Esa es su promoción mas inmediata. Su fenomenología. Sin embargo, puede tomar otros caminos. Entrañar otras dimensiones. La voz parece estampa pura del estar. También del ser. Aparece como la evidencia de la presencia. Por ello ha servido al sueño de la metafísica, como señala Mladen Dólar. La voz se escucha, primeramente, por quien la emite. Es autoreferencial. La voz parece sostener un sujeto sin otredad. Escucharse a sí mismo permite pensar en la transparencia de la presencia. Por la voz se podría acceder al sí mismo sin mediación del otro. También sin su presencia. Sería el sonido originario de la mismidad. El sujeto al escucharse a sí mismo, niega la exterioridad del otro como referencia. De hecho, parece ser la portadora de la conciencia. El sujeto al escucharse por la voz, abrazaría la presencia de sí. Derrida señala que hablar es escucharse y escucharse es comprenderse. El verbo escuchar es el mismo que entender en francés: entendre. Escucharse es comprenderse. El yo se siente convocado y quiere ser el portavoz de esa ilusión. El yo entiende escuchándose a sí mismo. Se entiende a sí, (así) mismo escuchándose. La voz sería la materialidad del sí mismo. La negación del otro. La evidencia pura que la autoafectación prescinde de la alteridad. Se establece entonces la ilusión de una interioridad sin exterioridad. El yo se dice autónomo, se autonombra y se sostiene en la conciencia que da escucharse y comprenderse.
El psicoanálisis parte de otra parte. Reconoce la importancia de la voz del sujeto pero no puede presentarla sin la otredad. En sus múltiples registros. No hay voz sin el otro. Sin el Otro.
Esto desde el origen. Desde el inicio. Desde el comienzo de la vida. El acontecer primero de lo humano en cuanto tal es el nacimiento. Allí aparece un extraño acontecimiento. Al nacer se presenta un dimensión rudimentaria de la voz: el llanto. El llanto es voz antigua, arcaica; lastimada. Es el sonido humano del quebranto. Es un sonido que dice sin decir. No dice pero expresa. Es voz que no tiene los galardones de su estirpe. Pero es la expresión misma de la progenie. El llanto no dice nada pero abre a la significación. Parece ser un impulso surgido de las entrañas de la especie pero le rebasa en cuanto acontece en un escenario humano. El llanto es la prehistoria de la voz pero ya la muestra en sus complejidades. Es frontera entre lo humano y lo animal. Entre la biología y el lenguaje. El llanto muestra algo fundamental de la voz: no es sin topología. Es interna al sujeto y externa al mismo tiempo. Es interior y exterior. Es animalidad y humanidad; es entraña y extraña.
Lo mismo sucede con el grito. El llanto y el grito no significan pero abren a la espesura del lenguaje. A su selva simbólica. En el grito se llama. Se convoca. La voz del grito es enunciación sin enunciado. Frontera entre el animal y el ser. Es una voz sin letras. Funge como llamado sin contenido. Pero llamado al fin. El llanto y el grito abren a la significación porque el campo del lenguaje les precede. Por tanto, se expresan como necesidad pero se apresuran como llamado. No hay llamado sin mensaje y no hay mensaje sin lenguaje. El mensaje del grito es lenguaje ininteligible pero lenguaje al fin. Es llamado que surge de la necesidad pero, por la magia del lenguaje que lo precede, se convierte en demanda. Si el grito pasa de la necesidad a la demanda es por que hay otro, Otro que le recibe y le anticipa. El Otro certifica el llamado hecho demanda. Lo significa. Esas convocatorias al Otro demandan algo más que satisfacción. Son eco del deseo. Del deseo del Otro. Lo llaman para hacerlo funcionar. Si el Otro responde significándoles es porque le anima un cierto deseo. El llanto y el grito son la voz convocante del deseo. Son los portadores de la dialéctica donde el deseo se especifica como deseo del Otro. El llanto y el grito parecen ruidos arcaicos pero son las voces de lo humano. Aparecen como carentes de significación pero la invocan. Son externas al lenguaje al tiempo que internas a sus caminos. Se presentan como reflejos biológicos pero son actos humanos. La voz es el acto del vínculo del sujeto con el Otro. Topología de lazo. Del cri pur al cri pour. Del grito puro al grito para.
