Helí Morales
En 1937, Freud propuso que habría tres profesiones imposibles: gobernar, educar y psicoanalizar. Lacan las llamaría tres posiciones insostenibles. Imposibles e insostenibles pero que no dejan de ejercerse cada día. El punto es que ninguna logra su sueño. No sin falla. No sin faltas insoslayables. Hay un real que ninguna de sus formas discursivas logra atrapar o legislar completamente. Por ello imposibles. Queda un resto. Un resto inasimilable.
En 1974, sorprendentemente, Lacan propone otra posición imposible: la de la ciencia. Eso no lo sabe la ciencia. Pero los científicos sí. Ellos sí porque comienzan a ser atravesados por la angustia. Comienzan alarmarse por sus actos y sus fisuras. Por la enorme responsabilidad social que implica su saber con consecuencias.
A manera de introducción de esta sección que hospedará textos sobre lo que acontece y nos acontece en estos tiempos y, donde el psicoanálisis, no podría quedarse al margen de la palabra y el análisis, presentamos lo que Lacan enunciara aquel año en Roma.
Los sabios o los científicos, tal vez, alguna vez se dijeron:
“¿Y si todas estas bacterias con las que hacemos cosas tan maravillosas, un buen día, después de haberlas convertido en un instrumento absolutamente sublime de destrucción de la vida, viene un tipo y las saca del laboratorio?
Ante todo, comienzan a tener una pequeña idea de que podrían crearse bacterias terriblemente resistentes a todo, y que a partir de ese momento ya no se las pudiera detener y que tal vez limpiarían de la superficie de la tierra todas esas porquerías, en particular las humanas que la habitan. Y entonces se sintieron de golpe sumidos en una crisis de responsabilidad. Aplicaron lo que se llama un embargo en cierto número de investigaciones – tal vez hayan tenido una idea, después de todo no tan errada, de lo que hacen (y) que es cierto que eso podría llegar a ser muy peligroso.”
Y añade entre cínico y optimista: “ yo no lo creo; la animalidad es indestructible; no serán unas bacterias las que nos liberarán de todo eso!”1
El psicoanálisis, a diferencia de la religión, se ocupa de lo real. También la ciencia se ocupa de ello. Lo hacen desde distintos lugares pero, se enfrentan a lo real.
El psicoanálisis se ocupa de lo que no anda. De lo que no anda bien. Eso es lo real. El mundo gira, va. El amo se ocupa de vigilar que así sea. El psicoanálisis por el contrario, atañe a lo que no va. Se ocupa de lo inmundo. Lacan: “ existen cosas que hacen que el mundo sea inmundo; de eso se ocupan los psicoanalistas; de manera que, contrariamente a lo que se cree, enfrentan lo real mucho mas que los científicos; no se ocupan, mas que de eso. Y como lo real es lo que no anda, además están obligados a soportarlo, a poner el hombro.”2 Se puede poner el hombro de distintas maneras. La privilegiada, evidentemente, es la clínica. Pero también la escritura. Pongamos textos, reflexiones y escritos ante esto que no va. Desde eso que no anda. Sobre todo en estos tiempos infectados y confinados. Eso nos toca. Ello nos atañe. Ello nos convoca.
Notas:
1 Jacques Lacan. Actas de la Escuela Freudiana de París. Ediciones Petrel, Barcelona, 1980. p. 17
2 Op.Cit., p. 20
