Helí Morales
Hay cuadros que son en sí mismo una historia. Amén de su calidad artística o estética, hay obras que muestran una verdad por su significativa importancia. Pero muy pocos pueden llevar el mérito de haber cambiado los anales de la pintura.
Hay en la historia del arte, un cuadro que resume lo anterior: El origen del Mundo de Jean Désiré Gustave Courbet.
Courbet es un pintor polémico que lleva el realismo a sus cumbres mas borrascosas. Un realismo paradójico pues es inspirador del impresionismo, del cubismo y del expresionismo. Su arte se enfrenta a las usanzas de la academia y a los límites sociales de finales del siglo XIX. Rescatando el derecho histórico de que la gente del pueblo merece imágenes y escenas pictóricas en gran tamaño, se enfrenta a las tradiciones de su tiempo que solo aceptaba los grandes formatos para tratar temas religiosos, históricos, mitológicos o bíblicos. Pero no solo eso, atenta contra las instituciones a las que despreciaba y en 1863 pinta El regreso de la conferencia donde muestra a unos clérigos ebrios caminando por una ruta. Su vocación “inmoral” se afianza en un cuadro llamado Vénus et Psique, de 1864 que mostraba a estos personajes semidesnudos pero perfectamente iluminados. Ambos cuadros están desaparecidos y mucho se teme que hayan sido destruidos. También en este camino estético del cuerpo desnudo y apasionado destacan Le Sommeil y, evidentemente, L’origine du Monde de 1866.
Un excéntrico personaje, el millonario y diplomático turco Khalil-Bey, le encarga a Courbet el cuadro que ha revolucionado la pintura. Esta obra fue desde el principio motivo de un halo de clandestinidad. Incluso este turco cosmopolita, le tenía oculto tras una cortina y solo lo mostraba a personas muy especiales en circunstancias muy especiales.
Después de que él debiese venderlo, sólo dos textos hablan de su existencia. El primero de Maxime du Camp de 1876 donde se cuenta la existencia de un cuadro escondido tras un velo y el estupor que causaba su arte y su fuerza erótica. El otro data de 1889 de la mano de Goncourt que desvela que este magnífico cuadro estaba escondido, esta vez, debajo de un paisaje pintado por mismo autor llamado Le Château de Blonay.
Se narra que bajo este disfraz pictórico salió de Francia y llegó a los lujosos recintos del Barón Havatny en el corazón mismo de Hungría. Estuvo en Budapest entre 1910 y 1945. En el periodo de la guerra, fue robado por lo nazis y, en un periplo sin referencia históricas certeras, fue recuperado por el Ejercito Rojo que lo regresó al Barón.
De allí, silencio y misterio respecto al destino de esta obra, hasta que se sabe que Jacques Lacan y su esposa Sylvie Bataille lo había adquirido en 1955. Lacan tampoco mostraba esta obra. De hecho la tenía en su casa de campo La Pevoté en Guitrancourt. Allí la mostraba solo en ocasiones especiales y, se dice, bajo un extraño ritual. De hecho, el cuadro estaba escondido debajo de una obra de André Masson, cuñado de Sylvie, que fue pintada expresamente para enmascararla.
Disimulado bajo un cuadro que en sí mismo era hermoso, el secreto era revelado para hacerlo brillar cuando la especial ocasión lo mereciese. A la muerte de Lacan, el cuadro siguió siendo un misterio y permaneció oculto hasta 1955, cuando Sylvie lo presta para una exposición sobre la obra de Courbet. Por primera vez, el gran publico podía admirar, impactarse y maravillarse del gran pubis de esa mujer. Sí solo una mujer pudo abrirlo a los ojos del mundo.
Hoy el cuadro mas escondido está a la mirada de quien se atreva en el Museo de Orsay. ¿Qué implica y que abre esta imagen impactante? Eso sería motivo de otro texto.
