Fernando Azcárate.
Vivimos en una época en la que hay que acudir a ciertas especificidades. Diferencia que nos marca con respecto a otras épocas. Es por eso que quiero hablar de Melanie Klein. De ella, dijo Jacques Derrida, que hace genealogía de la moral con la cohorte de objetos buenos y malos que investiga en la psique de un niño; y ciertamente Klein lo hace, no para dejar en claro a la archihuella que Derrida busca en su Freud y la escena de la escritura, sino desarmando al superyó. Es que fue tan buena clínica, que pudo escuchar que el superyó, esa instancia psíquica que Freud nos propuso desde El yo y el ello, comienza a operar en la psique de los niños mucho antes de lo que Freud o Anna Freud, entre otros, alcanzaron a escuchar. Fue así, que Freud decía que el superyó iniciaba después del declive del complejo de Edipo entre los cuatro y los seis años de edad; mientras que si uno lee la literatura kleiniana cronológicamente, tanto el superyó, como el complejo de Edipo aparecen como a los seis meses de edad. No sólo el superyó temprano, sino también el Edipo temprano, fueron descubrimientos importantes de Klein que cuestionaron la clínica psicoanalítica, así como su teoría. Vamos, el cuestionamiento fue tan fuerte, que casi no quedó nada del famoso desarrollo psicosexual tan importante en el pensamiento de ciertos psicoanalistas. Esto fue planteado por el hecho de que llego un momento, en la clínica de Klein, en el que tuvo que recurrir al término de posición a diferencia del uso de las fases del desarrollo psicosexual que uno de sus analistas, Karl Abraham, había propuesto. Es que Klein fue encontrando, en los análisis de niños pequeños a los que prestaba escucha, que justo a los seis meses de edad, se producía, no una etapa, sino una posición depresiva, a la salida de su Edipo temprano. La diferencia entre Freud y Klein es que ella prestó escucha a niños; cosa que Freud no hizo. Sabemos que las conclusiones de Freud fueron hechas a partir de la escucha de adultos, y de lo que ellos mismos iban diciendo en sus análisis acerca de su infancia, su historia y su memoria; pero el iniciador del psicoanálisis sólo tuvo poco acceso a los análisis con niños. Es con Freud que se produce una primera propuesta de superyó, tal que es efecto de las identificaciones que se producen con los objetos perdidos, resignados. El superyó, dice Freud, no sólo es el guardián de la moral, sino que es efecto de un precipitado de identificaciones; de las cuales, las primeras identificaciones y los primeros objetos que se pierden son los padres en sus relaciones edípicas. Es que el yo se forma así, a través de identificaciones con objetos que han sido queridos de algún modo o de otro. El superyó es efecto de las primeras identificaciones con los padres, tras la salida del Edipo. Pero en este punto, en el que Freud delinea su instancia psíquica de la segunda tópica, dice algo muy importante. Es el superyó el que sostiene y detenta al imperativo categórico que planteó Immanuel Kant en su Crítica de la razón práctica. Pero esto es ya problemático, porque lo que dicta dicho imperativo es que hagamos nuestro acto de forma tal que se pueda universalizar. Al contrario del imperativo hipotético, que también propone Kant, en donde se encuentra el acento en el placer particular que puede encontrar cada quien en su objeto patológico, el imperativo categórico no atiende al placer. Es el objeto patológico, no en su sentido de enfermedad, sino en el sentido de placer -de objeto de pasión-, el que se ha de perder en el movimiento en pos de la universalidad que plantea el imperativo categórico. Si el superyó deviene de la identificación con las figuras parentales, ¿cómo podría atender a lo universal? Para responder a esto, diremos que es en El malestar en la cultura en donde Freud cita a Klein, para decir que es gracias a ella que hoy sabemos que el superyó no hace de espejo a la severidad con la que el sujeto ha sido educado. Es así que gente que ha crecido frente a reglas endebles puede llegar a constituir un superyó severo. Si hay una diferencia entre el la posición de los padres con respecto a los hijos en lo que al superyó severo se refiere: ¿Cómo podría este caber en el imperativo categórico? Es mejor pensar que el superyó, en tanto regula la moral, no tiende al universal sino a lo particular de la relación de cada hijo o hija con sus padres. No lo sé, son preguntas para abrir una investigación.
