Yakin Pineda
El dia de hoy un paciente a mitad de su sesión dijo “En este momento no eres un hombre, eres analista” le aplaudí, pues la frase anterior decía “es difícil hablar de esto con un hombre” ese instante me llevó a una diferencia que llevo pensando un tiempo y que deseo compartirle a usted mi desconocido lector. La pregunta por el ¿Qué? y el ¿Quién? y el ¿Cómo? de eso que se llama psicoanalista. Y no hablo del psicoanalista de la transferencia, entendido este como el conjunto de representaciones del analizante (paciente) volcadas sobre el analista. No hablo de la pregunta por la representación o el significante que en ese momento encarnaba para quien habló, queda claro que es “hombre” sea lo que sea que eso le signifique. Me refiero a ese conflicto referente a si alguien puede ser analista, como uno se vuelve eso, que se hace, con que se come. No está demás decir para el que no esté advertido que esta es una cosa que solo nos preguntamos aquellos implicados en el psicoanálisis y me atrevería a decir que al interior de ese conjunto algunos no todos. Hay instituciones, espacios e individuos que consideran que concluir un cursó, un diplomado o un máster o estar inscrito en una lista internacional es lo que determina ese “SER PSICOANALISTA”. Vayamos por pasos.
Empezaré por definir que el psicoanálisis no es una sola cosa puede ser una saber, una filosofía, una práctica científica lo que no es equivalente a una ciencia, un arte, según lo que se le cante al autor, para nuestro fines considerare al psicoanálisis como un campo a cuyo interior existe una praxis clínica. Esa praxis es definida por un espacio y tiempo específico que ocurre cuando un sujeto hablante se dirige a otro buscando respuesta respecto de un malestar psíquico que le aqueja, de ahí se desprende su origen y su función de terapéutica, existirán aquello que esten mas comodo con al palabra “uso” en vez de función, lealo como mejor le acomode. Este espacio-tiempo denominado de manera coloquial como sesión implica una escena como Freud atinó a describir en muchas ocasiones respecto del síntoma. Una escena en términos teatrales implica un escenario, personajes, acciones y una trama. Para que la escena “SEA” es necesario que los personajes estén en posición, que el escenario exista y que la trama se desarrolle, que cada agente y acción se desarrolle según está guionizado. Así como para representar a Hamlet han existido indefinidamente de actores representando el papel, en la escena analítica hay infinidad de actores representando cada uno su papel, su función. La escena analítica implica, el lugar del analizante o paciente, el lugar del analista o terapeuta, el escenario del encuentro y las respectivas acciones de cada uno ya sea analista o analizante. Esos lugares son ocupados por sujetos, personas, individuos.
Este sujeto-individuo es un “Quién”, ese “Quién” será un sujeto-personaje en la escena de la sesión, cuya función será alguna según el lugar que ocupe, si es analizante hablara libremente, si es analista escuchara flotantemente. Con esto dicho es claro que no alcanza con sentarse en un determinado sillón o ocupar un nombre de personaje en la escena para que la actuación “SEA” sea una buena actuación o que por lo menos sea una actuación. La función del analista empieza en la escucha flotante pero de ninguna manera termina ahí, el analista escucha la palabra, lee el texto del discurso, la tesitura significante, ubica la posición del sujeto, su demanda, su deseo, su Otros, sus objetos, dirige la cura acorde a los tiempos del discurso y del sujeto, todo ello para intervenir, interpretar, cortar, unir solo por decir algunas. Para cumplir con esta función es que el sujeto-individuo se forma teórica-metodológicamente, se analiza y supervisa.
Si el sujeto que ocupa el lugar del analista en la escena no tiene formación teórica y metodológica no sabrá ni que leer ni cómo leerlo, menos aún que elementos, operatividades y manifestaciones tiene aquello con lo que se supone debe actuar, ya dijo lacan de un psicoanalista se espera un psicoanálisis. Esto también implica estar informado y al tanto de muchos otros saberes que están implicados en su práctica. En segundo lugar si ese mismo sujeto no se analiza o se ha analizado será sordo a lo que de sí mismo coloca en la escena, dicho de otra forma se tomará personal la actuación y no sabrá distinguir actor de personaje, por otro lado inundara el discurso del analizante con suposiciones propias que podrían no estar ahí, imposibilitando la operación de la escena misma. Esto nos lleva directo al tercer punto donde la función de la supervisión sostiene que el sujeto que está en posición de analista en el consultorio revise y sea capaz de separar lo ocurrido en la sesión de su lectura, de la lectura del paciente. Y con esta re-vision en términos de volver a ver algo ajustar su actuar al interior de la escena. Al igual que con el teatro o con el cine, solo sabemos si una producción es buena por su resultado no solo por como se realizó. De la función del analista sabemos por su resultado.
Me era necesario enunciar todos estos puntos para poder ubicar la magnitud del enunciado con el que abrí este texto, traduzco: “en este espacio-tiempo a ti sujeto hombre no te corresponde el personaje de hombre te corresponde el personaje de analista, y como tal debes ocupar y ejercer tu función, no te corresponde responder como hombre te corresponde responder como analista. Como yo me doy cuenta de ello puedo permitirme seguir diciendo cosas de los hombres” o en pocas palabras, no importa que seas hombre ahora tu función es la de analista bancatela. Ese enunciado es evidencia del reconocimiento por el enunciante de la división y entrelazamiento de Real, Imaginario y simbólico. Te veo hombre, pero tu función aquí no es la de hombre es la de psicoanalista, que seas afuera eso no se ha dicho aquí. No está demás decir que esta equiparación no es rigurosa es más bien un pretexto para ilustrar porque considero que Freud comentó que había tres funciones imposibles, Gobernar educar y psicoanalizar: no se puede controlar todo, no se puede saber todo y no se puede dejar todo.
¿Dónde queda el ser del sujeto cuando ocupa el lugar del analista en pos de hacer efectiva su función? Esta es una de las dificultades que cada uno deberá atender y resolver en su análisis y durante su formación con tal de desarrollar su estilo para ejercer la función de analista. He escuchado de pacientes que narran cómo la intervención de algún terapeuta o analista fue indicarles que eran machistas. Intervención que me sería igualmente vomitiva si me dijeran que la intervención fue decir “debemos trabajar en ese feminismo tuyo” y no se confunda estimado lector esto no es una defensa del patriarcado, es una postura clínica. La cual puede compartir o refutar.
Es innegable que el escenario social actual está profundamente marcado por las injerencias de las diversas políticas en juego y en disputa por la hegemonía, estamos en medio de la guerra que dará a luz al próximo mundo. Cada uno puede tener sus posiciones políticas, éticas y morales como mejor prefiera y le acomode pero el escenario de la praxis clínica no es el lugar para ello. La función de activista es la de aquel que en el escenario público, social y personal, comparte, defiende, impulsa, lucha, construye en pos de una causa, en pos de una dirección con la que se ha comprometido hasta el punto de dar la vida por ello. El analista no puede ser eso, el deseo que dirige la función del analista es el de analizar, puede ser deseo del sujeto en lugar de analista ayudar al otro, y por ello deberá sostenerse en su función que será el medio para que el sujeto analizante apueste en la construcción de su deseo, los problemas vienen cuando ese es un deseo que va en contra de los social. Sin embargo esa es la ética y la política del psicoanálisis, apostar que un sujeto pueda apostar y bancarse las consecuencia de jugarse por su deseo o modificar sus formas de gozar. Un sujeto actúa, como acto, la función de activista en las calles, y puede en el espacio analitico actuar la función de analista, pero mezclarlas anula la segunda.
La función total del analista es imposible debido a que es imposible que dejemos de ser completamente un “SER-sujeto”, lo cual hace que el “SER” analista en su totalidad sea otro imposible. Es imposible que no existan momentos en los cuales nuestro ser, nuestro historia, nuestro deseo, impregne nuestra intervención; justo porque es eso que llamamos estilo lo que diferencia a cada analista ahí donde ocupar la función en su totalidad es un parcial fracaso. Así como uno no puede ser activista todo el tiempo, un sujeto no puede ser analista todo el tiempo.
Es posible luchar por un mundo, una sociedad mejor y ello implica costos muy diferentes a los de la posición del analista, el activista paga su deseo por un mundo mejor con algo su vida, el analista paga con algo de su deseo sobre sí y sobre otro para ocupar el lugar que permita al analizante, surgir y ser activista de su propio deseo en pos del compromiso con su propio mundo. Por ello el analista no es una activista ni debe de serlo, la función del analista es un imposible porque es lo imposible lo que nos muestra nuevos caminos de posibilidad. En ese momento era imposible SER y menos aun hombre, en ese momento era imposible no actuar como analista.
