(De)Mandar mensajes…

La tecnología ha ido avanzando a un ritmo muy acelerado. Esto ha permitido muchas condiciones nuevas de vida, nuevas formas de contactarnos, vincularnos, conectarnos. 

Parece que la vida va pasando, mientras la tecnología sigue avanzando.

Hay poca posibilidad de quienes decidan no estar en la red, realmente no lo estén. Aquellos quienes tenemos, por ejemplo, asistente de voz desde el celular, ó hasta en la  insistencia mortífera de nombre propio electrónico Siri, Alexa u algún otro, en la era del semiocapitalismo el capitalismo de los signos, nos convierte a todos como lo dice Franco Berardi, en “cognitariados”. Todos conectados, pues “todos somos lo mismo” en la infósfera.

Las voces que nos “escuchan” desde afuera y no es el prójimo, sino el pr@jimo, el pr@ximo, el gran @, que nos escucha con una atención pareja, mide lo que hacemos, a partir de lo que decimos.Sí, la escucha de los aparatos, reemplaza la escucha que podemos tener en una conversación en la mesa a la hora de comer, a la hora de reunión, a la hora de ir a dormir, a cualquier hora. 

Existen propuestas de muchos autores, entre ellos Byung Chul Han, en diferentes momentos de sus textos que plantearía un “desconéctate”, vuelve a la tierra, al campo, a la vida contemplativa, al momento del ocio, al aburrimiento, a la meditación,  a no llenar la agenda, salirse de la sociedad del cansancio, para una sociedad del descanso; incluso, ir a análisis a ser escuchado y escuchar como analistas es un acto de resistencia para estos tiempos modernos. Casi imposible para estas épocas, donde más que una sociedad del cansancio, vivimos en una sociedad, dijera Gustavo Dessal, de la impaciencia. 

El desconectarse de los aparatos digitales, son propuestas del movimiento slow, donde la vida no tiene por qué pasar de prisa, y eso me hace recordar el texto de Milán Kundera, justamente su libro “La Lentitud”,que a pesar de que este texto está por fuera de lo que hoy denominamos “digitalidad” donde nos dice “ la velocidad es la forma de éxtasis que la revolución técnica ha brindado al hombre. Contrariamente al que va en moto, el que corre a pie siempre está presente en su cuerpo, permanentemente obligado a pensar en sus ampollas, en su jadeo; cuando corre siente su peso, su edad, consciente más que nunca de sí mismo y del tiempo de su vida. Todo cambia cuando el hombre delega la facultad de ser veloz a una máquina: a partir de entonces, su propio cuerpo queda fuera de juego y se entrega a una velocidad que es incorporal, inmaterial, pura velocidad, velocidad en sí misma, velocidad éxtasis.

Más adelante, el mismo Kundera nos recuerda que hay un vínculo secreto entre lentitud y memoria, entre velocidad y  olvido ¿qué pasa cuando a un hombre se le olvida “algo” mientras camino y quiere recordarlo? Su andar se vuelve más lento. ¿Y qué pasa con quien quiere olvidar? Camina más rápido, corre, se aleja rápido. Así, remata con la siguiente frase “En la matemática existencial, esta experiencia adquiere la forma de dos ecuaciones elementales: el grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de la memoria; el grado de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido” 

Dentro de la velocidad que nos ha impuesto la tecnología de hoy, es mediante la mensajería veloz, aquella que vino a irrumpir nuestros momentos de descanso, ocio, comida, escucha. La mensajería de hace cincuenta años, esa que se mandaba por carta, que tardaba meses en llegar y que cuando llegaba, el mensaje ya “había hecho historia”. Fue remplazada por fax, más rápido, después, el correo electrónico se agilizó la llegada de mensajes. Todo más rápido. Sin embargo, llegaron las aplicaciones como el WhatsApp, Telegram, WeChat, ó la que usted use y mande, donde uno manda el texto y se convierte no en manda, sino “demanda”. Quizá, el problema fue nombrarla “mensajería instantánea” ¿por qué si un mensaje llega Instantáneamente -no como la carta, el fax, el email-, deberíamos de contestarlo de manera instantánea? ¿Debo contestar su de-manda mensajes? Toda demanda implica una respuesta.

Cuando recibimos mensajes, podemos tener varias formas de respuesta: palomitas azules, no palomitas azules… pero que si no contestamos, las frases tienden a “me dejó en visto” “te mandé mensaje pero no lo viste”. Y puede que uno vea el mensaje y no haberlo leído, que no es lo mismo a “me dejó en leído”   Pero… por qué respuesta instantánea.

Entre las propuestas del movimiento slow, de desconexión, de caminar o usar bicicleta en lugar de coches veloces, ó de ir a la tierra, sembrar tu jardín, de concentrare en la respiración y meditar, ó como la escucha analítica, que es estar escuchando a analizante. 

Sin embargo, el que camina, revisa su celular para medir sus pasos, su frecuencia cardiaca;  el que siembra, contesta las demandas de respuesta; el que medita, tiene su app para meditar y escucha las campanitas digitales para enderezar su espalda; La mensajería instantánea llegó a los consultorios, también y…¿ha interrumpido nuestras escuchas? 

Byung Chul Han, ha sido muy criticado, en las redes -por cierto- sobre su texto “La Expulsión de lo Distinto done nos dice “en el futuro habrá, posiblemente, una profesión que se llamará oyente. A cambio de pago, el oyente escuchará a otro atendiendo a lo que dice. Acudiremos al oyente porque, a parte de él, apenas quedará nadie más que nos escuche. Hoy perdemos cada vez más la capacidad de escuchar. Lo que hace difícil escuchar es sobre toda la creciente focalización en el ego, el progresivo narcisismo de la sociedad. Narciso no responde a la amorosa voz de la ninfa. Eco que en realidad sería la voz del otro. Así es como se degrada convertirse en repetición de la voz propia. Escuchar no es un acto pasivo. Se caracteriza por una actividad peculiar. Primero tengo que dar la bienvenida al otro, es decir, tentó que afirmar al otro en su alteridad. Luego atendiendo a lo que dice. Escuchar es un prestar, un dar, un don. Es lo único que le ayuda al otro a hablar” 

La crítica en las redes  es que si no sabe que esa “profesión” ya existe y se llama  psicoanalista. Sí, pero, ¿acaso los analistas no sabemos que la escucha ha sido irrumpida por otras voces en mensaje de demanda, donde hasta ahora se pueden transcribir en texto donde ahora podemos no sólo dejar en visto sino “te dejé en escuchado”? Y si los analistas decimos que escuchamos en medio de esta tormenta de mensajerías ¿Qué es  escuchar en siglo XXI? ¿Qué es la escucha de lo inconsciente 3.0?

Todo esto tiene que ver con una economía, sí, de la atención, donde se tiene que prestar atención a diferentes estímulos digitales y de la vida cotidiana a la vez. Y los analistas escuchamos, con una economía de la atención…flotante.

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