SOBRE EL PSICOANALISTA TORTURADOR: AMÍLCAR LOBO 

Un acontecimiento en la historia del psicoanálisis: la noticia, en 1973, que en Río de Janeiro, Brasil, un psicoanalista, Amílcar Lobo, participaba en un equipo de tortura de la dictadura militar que se había hecho del poder, violentamente, desde 1964. Información impactante, especialmente en el mundo psicoanalítico, por la absoluta antítesis, de la más mínima partícula del psicoanálisis, con la tortura. 1964 es un año significativo para el movimiento psicoanalítico lacaniano, ya que es cuando, ante su exclusión de la IPA, Lacan se ve obligado a fundar la Escuela Freudiana de París, una nueva propuesta para el lazo social entre los psicoanalistas. ¿Se conectan ambas circunstancias? Sorprendentemente, sí. 

El suceso quedó circunscrito a publicaciones psicoanalíticas y, durante la década de los setenta, acallado por una actitud complaciente con la férrea dictadura, tanto de la Sociedad Psicoanalítica de Río de Janeiro (SPRJ), a la que pertenecía el psicoanalista en cuestión, como de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA, por sus siglas en inglés) a la cual estaba afiliada la SPRJ. No se supo más de la denuncia, hasta la caída del régimen de facto, en los primeros cinco años de los ochenta, del siglo pasado. 

En la revista Cuestionamos, del grupo Documento, disidente, en 1971 de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), se reprodujo, en 1973, un artículo del periódico brasileño clandestino: Voz operaria en el que denunciaban la presencia de Lobo en el equipo torturador de un importante centro militar de la dictadura, en la ciudad porteña. La copia enviada a la revista que dirigía Marie Langer, llevaba una anotación en manuscrito. 

Amílcar Lobo era en ese entonces «un psicoanalista en formación», es decir, alguien que estaba llevando a cabo un psicoanálisis didáctico, con un analista de entre los Didactas de la institución, según las reglas de la IPA; en este caso, el analista de Lobo era nada menos que el presidente de la Sociedad, Joao Cabernite. Interrogado por Serge Levovici, presidente de la IPA y a quien había llegado la denuncia, negó el hecho atribuyéndolo a una calumnia, a un ataque de enemigos del psicoanálisis. 

No sólo negó un hecho del que no pudo no haber sabido, sino que emprendió una verdadera investigación policial, con un grafólogo que servía a los militares, para determinar quién había elaborado la nota manuscrita aparecida en la publicación y, que sería, deducían, el autor o autora del envío desde Brasil. Para este propósito se revisaron las inscripciones de los participantes al IV Congreso Brasileño de Psicoanálisis en el que estuvo, como figura central, Wilfried Bion. 

En una verdadera investigación detectivesca, se correlacionaron la inscripción al congreso de una joven psicoanalista, con una pregunta que le hiciera a Bion; la que, dicho en términos resumidos, era:  si aceptaría en análisis a un perverso que disfrutaba del sufrimiento de otros; si bien Bion dio una respuesta analítica diciendo que, desde luego, primero tendría que escuchar de qué se trataba y otras consideraciones, la pregunta sirvió para sospechar que, debajo de ella, estaba el caso de Lobo; lo que, junto con la alta similitud entre la inscripción de la analista y la nota manuscrita en la publicación, llevó a los analistas de la IPA en Brasil, a determinar a la “culpable”: Helena Besserman Vianna, integrante de la otra Sociedad Psicoanalítica existente en Río y también perteneciente a la IPA: la Sociedad Brasileña de Psicoanálisis de Río de Janeiro (SBPRJ). 

A partir de este momento y con la hipócrita acusación de «traidora» al psicoanálisis, se desató un ambiente de persecución hacia Besserman que incluyó un fallido atentado; ella, por su parte, se vio obligada a guardar silencio en su país y a hacer gestiones, no exitosas, ante indolentes instancias directivas de la IPA en el extranjero, para que tomaran cartas en el asunto, ante lo  insostenible para la práctica psicoanalítica y su sentido más esencial, de la existencia de un psicoanalista participante en un equipo de tortura.   

Besserman Vianna narra profusamente esta experiencia del psicoanálisis internacional en su libro: No se lo cuente a nadie, Política del psicoanálisis frente a la dictadura y a la tortura, lectura prácticamente obligada para los interesados en el psicoanálisis y su historia. Hay que decir que este libro es antecedido por una autobiografía del mismo Amílcar Lobo: La hora del lobo, la hora del carnero en la que, victimizándose, busca justificar su estancia en el Ejército, por una supuesta imposibilidad de salirse. El mismo psicoanalista Lobo, describe que después de 4 años de haber estado trabajando para la milicia y ya a principios de los 80, cuando la lucha popular había abierto importante espacios políticos de libertad y democracia, fue visitado en su consultorio por ex-presos políticos torturados por el equipo al que  perteneció, echándole en cara esto y anunciándole que abrirían una denuncia formal contra su intervención en este tipo de prácticas profundamente rechazadas por la humanidad, casi en su totalidad. 

Después de esto se desencadenaron una serie de juicios formales y societarios que terminaron, entre otras cosas, con la salida -en los años 90- de Lobo y Cabernite de la sociedad psicoanalítica a la que pertenecían en su país y, por lo tanto, de la IPA. Este acontecimiento despertó un gran interés en el psicoanálisis en el mundo y ha ocupado la atención de psicoanalistas como Jean Allouch y René Major, por citar sólo a algunos. ¿Qué tiene que ver todo esto con la exclusión de Lacan de la IPA y la consecuente fundación de la Escuela Freudiana de París? 

Cuando la Sociedad Francesa de Psicoanálisis, a la que pertenecía Lacan, solicitó por segunda ocasión a la IPA su reconocimiento como sociedad miembro, en 1959, William Guillespie, presidente de la IPA, nombra una comisión investigadora, responsabilizando de la misma, a Pierre Turquet, psiquiatra y psicoanalista inglés integrante de la legendaria Clínica Tavistock y Mayor del Ejército Británico. Si se indaga en la trayectoria de Turquet y sus habilidades técnicas en el espionaje y la psicología de grupos, según lo documenta Manuel Hernández, en el seminario: La historia secreta de la IPA, la primera pregunta que surge es: ¿Por qué él? 

Porque pondría en juego su saber para dividir al grupo de Lacan y lograr su exclusión. Victoria pírrica frente a su consecuencia: la emergencia internacional de Lacan y la puesta en acto, con la Fundación de la Escuela, de sus críticas a la verticalidad, burocracia y connivencia con el Sistema Capitalista de dominación, de una institución como la IPA. 

La interrogante por el eventual vínculo existente entre un suceso ocurrido en Francia en 1964: la “ex-comunión» de Lacan (como él le llamara) y el psicoanalista torturador brasileño, en 1973, constituye una línea de investigación a explorar, aunque ciertamente, no virgen. Señalaré un par de circunstancias, para terminar, insertas en este fragmento de realidad a investigar. 

Por un lado, la más importante, la impugnación de Lacan, en acto, de una institución anquilosada, antidemocrática, que hacía pensar en el ejército y la iglesia y que no convenía, desde su perspectiva del discurso psicoanalítico, ni a éste mismo, ni a la necesaria reunión de los psicoanalistas. A partir de la fundación de la Escuela Freudiana de París, se abrió una senda nueva, alternativa a la IPA, para el tránsito de los interesados en el psicoanálisis. 

El otro punto de entrelazamiento a estudiar entre los dos grandes hechos se relaciona con la historia del psicoanálisis en Brasil: a finales de los años 40, del siglo pasado, un grupo de psiquiatras brasileños solicitan a Ernest Jones, entonces presidente de la IPA, que, en tanto quieren formarse como analistas y no los había en Brasil, que pidiera a psicoanalistas europeos  se instalaran en su país; Jones, “envía” a dos psicoanalistas: uno alemán Werner Kemper, que había participado, en Berlín, en los años 30, en el proceso conocido como: “arianización del psicoanálisis”, y Mark Burke, psiquiatra, psicoanalista, también de la clínica Tavistock y, al igual que “nuestro” Pierre Turquet, miembro del ejército británico. 

Ambos psicoanalistas aparecen correlacionados con el proceso de génesis del psicoanálisis en Brasil -particularmente de las dos sociedades psicoanalíticas brasileñas aquí citadas- en fechas cercanas (1947-1948) a los procesos políticos que vivieran los psicoanalistas franceses en los años transcurridos entre 1950 y 1963. El episodio del “psicoanalista torturador” guarda relación estrecha con estos orígenes; la actuación de la IPA en este acontecimiento es de una gran similitud, a pesar de intervenir actores y circunstancias distintas, con la que tuvo en el proceso de exclusión de Lacan.

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