Infinite hope. Feminismo, 8M y psicoanálisis

En México, así como en diferentes países del mundo, el 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer. En el marco de esta fecha las mujeres se pronuncian de múltiples maneras para exigir el respeto a sus derechos como seres humanas. Ya sea desde sus centros de trabajo, en sus casas, en las calles, marchando año tras año o por primera vez, con pancartas, en bicicleta, cantando, gritando consignas, haciendo iconoclasia, exigiendo justicia y la localización con vida de nuestras desaparecidas, exigiendo justicia por las mujeres asesinadas o participando en un sinnúmero de actividades desde la sociedad civil; haciendo ciberactivismo o en las dinámicas cotidianas, cada una se manifiesta como lo quiera y necesite.

Esta fecha, que se extiende muchas veces durante todo el mes, busca hacer énfasis en las necesidades, problemáticas y sentires en las vidas de las mujeres, en la urgencia de tener en la práctica acciones concretas para que sean una realidad, que sean vivibles no solo para unas cuantas, sino para todas, realmente para todas.

Y lo sabemos, los derechos de las mujeres no son cosa de un día, van más allá de un eslogan o un color, son un derecho humano y una deuda histórica. Aunque se ha trabajado arduamente y hay aspectos conseguidos, aún hoy no son una garantía para todas.

Olympe de Gouche en 1791 reclamó en la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, sí con a, que se considerara a las mujeres en igualdad jurídica y legal en relación con los varones. Este acto provino después de la publicación de la Declaración del Hombre y el Ciudadano, sí con o, donde no se tomaba en cuenta a las mujeres para votar o ser votadas, tampoco para contar con recursos económicos a nombre propio, pero sí para rendir cuentas a la justicia. Ahí sí se le contemplaba como igual: “Si la mujer tiene el derecho de subir al patíbulo, ella debe tener igualmente, el derecho de subir a la tribuna”.

El feminismo ha exigido que se reconozca a la mujer como sujeta plena de derechos pero en las diferentes latitudes y épocas esto se ha interpretado como agresivo y hasta ingrato.

Un par de siglos después Simone de Beauvoir presentó en El segundo sexo (1949) su análisis histórico sobre cómo el hombre ha asumido que la mujer es su alteridad, lo otro, lo oscuro, lo misterioso y con este de por medio no la ha considerado su igual. Esto lo ha llevado a poner en duda su capacidad para ejercer plenamente sus decisiones, considerándola incluso peligrosa para sí misma.

El movimiento feminista es muy diverso. También es cierto que no todas las mujeres se asumen feministas, y no están obligadas a hacerlo, ni a serlo. Por mucho que haya quienes consideren que eso es algo intrínseco de la mujer, esa es otra decisión que se asume por el deseo propio y nunca de la misma forma.

Pero lo que apremia para cada una es que los derechos de las mujeres sean respetados y no puestos a votación o cabildeo. Nuestras vidas, así como nuestros derechos no son opcionales. Y para quien en este punto esté pensando que se exigen “leyes hechas a conveniencia de las mujeres”, recordemos que al menos en México son asesinadas en promedio 10 mujeres al día, que uno de cada cinco feminicidios que ocurrieron en la última década las autoridades lo tipificaron bajo una categoría delictiva distinta o, incluso, lo registraron “como muerte accidental” – la impunidad en nuestro país es del 93.63%- y que más de la mitad de los feminicidios fueron cometidos por parejas íntimas u otros miembros de la familia. Aunque las mujeres cuentan con mejores condiciones para el ejercicio de su vida hay una larga distancia para asumir que todo lo tienen ganado.

En el psicoanálisis el diálogo con el feminismo ha sucedido desde hace ya varios años pero no en todos los espacios es un intercambio cotidiano sino más bien un elemento ajeno. Aún hoy hay quienes se preguntan si es posible que el psicoanálisis pueda dialogar con el feminismo e incluso si el feminismo puede decirle algo al psicoanálisis. 

Por fortuna este intercambio se suscita y no es inusual. Practicantes del psicoanálisis, filósofas, antropólogas, politólogas, abogadas, activistas, docentes han realizado una interlocución muy extensa para repensar la teoría y al mismo tiempo la práctica. Desde allí se habla un nuevo idioma y no se asume lo imperante como universal y neutro. Esto ha permitido preguntar-se y expresar-se desde otros lugares. El desacuerdo no es un problema sino la omisión de la palabra, del reconocimiento. Continuar sumergiéndonos con y en estos oleajes permitirá ir más allá de lo que creíamos saber para reaprender a escuchar-nos.

Extiendo mi agradecimiento a quienes a lo largo de este devenir feminista y psicoanalista me han brindado compañía, debates teóricos enriquecedores, sostén, pero sobre todo, desde su escucha respetuosa a la diferencia, compañía.

Antes de concluir quisiera dejar aquí las palabras de la activista y feminista antirracista  Angela Davis: “Si miramos atrás, a las luchas por justicia e igualdad, encontraremos que generalmente no hay momentos propicios para esas luchas. Siempre hemos confrontado las olas del conservadurismo y mientras no construyamos las condiciones para las luchas con las que estamos comprometidos podemos traer nuestra determinación. Podemos traer nuestra mirada por un futuro mejor. Fue el Dr. King quien dijo que no podemos ceder ante decepciones finitas, lo que hacemos es confrontarlas con infinita esperanza” (Peace Ball, enero del 2025).

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