Edna Y. Rivera Vázquez
Distintas disciplinas han presentado gran variedad de posturas ante los cuestionamientos sobre las posibilidades de la sexualidad. La lucha por la liberación sexual, actualmente ha derivado en una lucha conjunta entre diversos grupos vulnerables. Les asigno este adjetivo debido a las dificultades con las que todavía nos enfrentamos como la discriminación, la falta de derechos con los que todo ser humano debería contar, y la violencia que se sufre en una apuesta por la singularidad.
Históricamente, la lucha por un ser asumido en su particularidad siempre ha representado un conflicto contra los esquemas socialmente y moralmente establecidos. Comparativamente, se ha avanzado, aunque no a pasos agigantados, en el reconocimiento de diversas posiciones ante la sexualidad. Foucault plantea que a partir del siglo XVIII-XIX, el discurso médico, en extensión de la psiquiatría, señalaba lo anómalo del sexo (como el exceso, después el onanismo, y la insatisfacción) como el responsable de la etiología de las enfermedades mentales. Fue así como toda práctica sexual, que no tuviese como fin la procreación, llegaría a ser considerada como perversión; ésta también era encarada por la justicia penal, calificándose como crimen.1
Siguiendo la línea de una sexualidad normalizada, en 1952 se publicó la primera edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA), con el fin de clasificar las enfermedades mentales con sus indicadores, un instrumento para etiquetar a todo aquello que estuviese fuera de lo considerado “normal”. En él se mantenía un apartado titulado “Desviaciones sexuales”. Actualmente se tiene la versión 5 de este manual, y ha sufrido diversas modificaciones en cada una de sus ediciones, resultado de ello es, en su mayoría, gracias a la lucha de grupos activistas que han exigido sus derechos. Si bien, actualmente se va logrando la desestigmatización de diversas posiciones ante la sexualidad, lamentablemente no puede decirse que el camino está recorrido.
Para el padre del Psicoanálisis, Sigmund Freud, la sexualidad femenina se le presentó como enigma. Ante esto, primero tuvo que partir de una igualdad entre varón y mujer para dar cuenta del devenir psíquico. Sin embargo, se dio cuenta de que esto resultaba insuficiente, tuvo que reconocer que existían diferencias fundamentales. El asumir la singularidad de la mujer abrió la posibilidad de que el cuerpo de ésta tuviera un lugar en el mapa del pensamiento y entonces tomar en cuenta las implicaciones psíquicas que tendría al asumirse como tal. El psicoanálisis no niega la dimensión real del cuerpo, el cuerpo habla. Pero tampoco le basta para dar cuenta de la sexualidad y su subjetividad, de cómo el sujeto se posiciona en su vínculo con el otro. La sexualidad femenina le permitió a Freud cuestionarse sobre las diversas posibilidades y radicalidad en las posiciones y caminos en la sexualidad.2
Sobre la noción de la diferencia, también se pronuncia una corriente del movimiento político del feminismo. Nuria Varela, escritora española, experta en feminismo y violencia de género, explica cómo a partir de los años setenta el feminismo nunca volvió a ser uno, pues el feminismo radical se bifurco hacia las distintas realidades sociales de las mujeres. Entre esos caminos uno fue el Feminismo de la diferencia, con sus máximas exponentes en Francia y en Italia. Las ideas de este feminismo parten de reinvindicar la diferencia sexual, sin una acepción negativa e inferior, cito: “Una de sus ideas clave es señalar que diferencia no significa desigualdad y subraya que lo contrario de la igualdad no es la diferencia, sino la desigualdad.”3
La pionera en el feminismo de la diferencia es Luce Irigaray, filósofa y psicoanalista belga que se instaló en París y formó parte de L’École Freudienne, de la cual fue expulsada. Irigaray en conjunto con Hélène Cixous insistieron en un “orden simbólico” subversivo a la cultura patriarcal que impera, reivindicando la escritura femenina y la creación de un saber femenino. Por el lado de Italia, una de las principales representantes de este feminismo fue Carla Lonzi, de quien Varela retoma las siguientes palabras: «la igualdad es un principio jurídico, mientras que la diferencia supone una realidad existencial». 4
Este breve recorrido que se ha hecho por los discursos sobre la diferencia, permite pensar no solamente lo referente al desarrollo del feminismo, sino a cualquier apuesta por la diversidad, porque la diferencia se piensa como condición de posibilidad, de asumirse en una pluralidad de la existencia. Esta posición ante la diferencia la podemos encontrar también en Lacan quien nos permite pensar la pluralidad sexual.
1. Foucault, Michel. Historia de la sexualidad I. La voluntad de saber.1977 Ed. Siglo XXI. p. 20
2. Freud, Sigmund. Sobre la sexualidad femenina (1931). Amorrortu Editores. T. VII. Argentina. p. 230
3. Varela, Nuria. Feminismo para principiantes. 2008. Ed. B. España.
4. Ibid., p. 99
