Cuando el niño habla con el cuerpo: el síntoma como mensaje en la clínica psicoanalítica infantil

En la clínica infantil, el síntoma suele presentarse como una urgencia. Los adultos consultan porque algo en el niño “no anda bien”: no duerme, no habla, no obedece, no aprende, se angustia sin causa aparente o su cuerpo parece decir aquello que no logra ponerse en palabras. Desde esta perspectiva, el síntoma es vivido como un obstáculo que debe ser eliminado lo antes posible para restituir un ideal de normalidad. Sin embargo, el psicoanálisis propone una lectura distinta: el síntoma no es un error a corregir, sino una respuesta subjetiva, una solución singular frente a un conflicto que no ha encontrado otra vía de expresión.

Sigmund Freud conceptualizó el síntoma como una formación del inconsciente, resultado de un compromiso entre el deseo y la defensa. En Inhibición, síntoma y angustia (1926), Freud muestra que el síntoma no aparece de manera arbitraria, sino como una respuesta organizada frente a la angustia. Aunque sus desarrollos se centraron principalmente en la clínica de adultos, esta concepción abrió la posibilidad de pensar que también en el niño el síntoma cumple una función: proteger, sostener o tramitar algo del orden del conflicto psíquico.

En la clínica infantil, esta función adquiere una especificidad particular, ya que el niño no se presenta como un sujeto aislado. Jacques Lacan lo formula con precisión en su texto “Dos notas sobre el niño” (1969), donde afirma:

“El síntoma del niño se encuentra en el lugar de responder a lo que hay de sintomático en la estructura familiar.”

Con esta formulación, Lacan subraya que el síntoma infantil no puede ser leído únicamente como una manifestación individual. El niño ocupa un lugar en el discurso del Otro —los padres, la familia, las instituciones— y muchas veces su síntoma funciona como respuesta a aquello que no logra simbolizarse en ese entramado. El síntoma se vuelve entonces un punto de anudamiento entre el malestar del niño y el malestar del lazo familiar.

Françoise Dolto, desde una orientación cercana pero singular, insistió en que el niño es un sujeto de palabra desde el inicio de su vida, aun antes de poder hablar. En La causa de los niños (1985), Dolto plantea que el cuerpo del niño se convierte en portavoz cuando no se le ha ofrecido un lugar simbólico donde su palabra pueda ser reconocida. El síntoma corporal —un trastorno del sueño, de la alimentación, del control de esfínteres o del aprendizaje— puede leerse como un mensaje dirigido al Otro, una tentativa de inscripción en el campo del lenguaje.

Desde esta perspectiva, el síntoma infantil no es un simple “mal hábito” ni un déficit a corregir mediante técnicas educativas o conductuales. Es una invención del sujeto, una solución que, aunque pueda resultar costosa o dolorosa, cumple una función en su economía psíquica. Donald Winnicott también aportó a esta lectura al señalar que ciertas manifestaciones sintomáticas pueden entenderse como intentos del niño por preservar un sentido de continuidad del ser cuando el entorno resulta intrusivo, impredecible o insuficientemente sostenedor. El síntoma aparece entonces como una defensa frente a un exceso o una falta en el ambiente.

El trabajo del analista con niños no consiste en interpretar rápidamente ni en orientar al niño hacia una adaptación forzada a la norma. Su función es abrir un espacio donde el síntoma pueda desplegar su lógica, donde el niño pueda encontrar otros modos de decir —a través del juego, el dibujo, el silencio o la repetición— aquello que hoy se presenta fijado en el cuerpo o en la conducta. En este sentido, el síntoma no es algo que deba desaparecer de inmediato, sino algo que debe ser escuchado.

Este trabajo implica, de manera inevitable, un abordaje con los padres. No desde la lógica de la culpa o de la corrección, sino desde la posibilidad de interrogar las significaciones que se han cristalizado alrededor del niño y su malestar. Cuando los adultos pueden correrse de la urgencia por “arreglar” al niño y comenzar a preguntarse por el lugar que el síntoma ocupa en el lazo familiar, se produce un movimiento que muchas veces permite al niño desprenderse de esa función.

Pensar el síntoma infantil desde el psicoanálisis supone, entonces, un cambio radical de mirada: pasar del déficit al sentido, de la corrección a la escucha, del ideal normativo a la singularidad del sujeto. No se trata de hacer callar al cuerpo del niño, sino de ofrecerle las condiciones para que pueda decir de otro modo.

Bibliografía

  • Freud, S. (1926). Inhibición, síntoma y angustia. Obras Completas, Vol. XX. Buenos Aires: Amorrortu.
  • Lacan, J. (1969). Dos notas sobre el niño. En Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012.
  • Dolto, F. (1985). La causa de los niños. Buenos Aires: Paidós.
  • Winnicott, D. W. (1965). Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Buenos Aires: Paidós.

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