Uriel Lima Sánchez
Cada 364 días (a veces 365) acontece en la mayor parte del mundo occidental, la celebración de noche vieja/año nuevo, el último día, del último mes, en las últimas horas se realiza un ritual más o menos homogéneo en gran parte de occidente; brindis, uvas, metas o deseos –en sentido coloquial y no freudiano ni lacaniano, o si…–, abrazos y buenas intenciones inundan los hogares de muchos núcleos familiares, llenando de esperanza, fraternidad y amor el comienzo del nuevo año.
Sin embargo, y con la menor intención de identificarme con el famoso personaje verde, felpudo, amargado, anti-fechas decembrinas, creado por el Dr. Seuss, no es esta festividad, una celebración que ha transmutado –como muchas otras– en un cumulo de signos de consumismo gozoso, de excesos de todo tipo, de nubes de imaginarios, que parecieran que tienen mucho volumen/consistencia, sin embargo llegan a ser tan efímeras estas nubes que se disipan tan fugazmente como los días en un calendario y su efervescencia brinca de un lugar a otro. Cabe aclarar aquí que esto no ocurre con todas las familias ni con todos los sujetos, porqué siempre no-todo.
Una de las grandes problemáticas que hay sobre el tiempo (cronológico y lógico) es que pertenece a la dimensión de lo inapresable, pese a que intentamos capturar con pequeñas máquinas de engranajes y manecillas, o bien con máquinas de circuitos y elementos digitales, pero el final de año siempre es una buena ocasión de articular el deseo cuando la palabra evoca, cuando el sujeto se interroga.
Analicemos; el tiempo cronológico colectivo, especialmente en las festividades –y con mención especial la del final de año– pueden producir una serie de interrogaciones muy puntuales, particularmente revisiones retrospectivas, de corte y de ruptura “ya estamos en diciembre, se pasó el año bien rápido… ¿cuántos años llevo en este trabajo? ¿Cuánto tiempo llevo en análisis? … Este año que viene si cambio de carro… Ahora si este año me pondré a dieta, hare ejercicio…”. Diversos comentarios de este tipo abundan en esta época del año, reclamos, quejas, demandas y mandatos no cumplidos que generan, en la mayoría de los casos malestar, y es posible que, si no fueron satisfechas estas situaciones o metas, seguramente no se encontraban habitando en el deseo de quien las pronuncia.
Por otra parte, con el tiempo lógico, existe la posibilidad de que en el fin de año se pueda ubicar un oxímoron, porque finalmente esta fecha eso es; una ruptura –¿de qué? – y a la vez una continuidad –¿de qué? – y poder elaborar un lazo entre ambas, muchas veces no notado ni anotado, ya que no existe un corte radical “total” y un comienzo completamente “nuevo”, banda de möbius, algo se termina… para dar pie a algo nuevo, la vida continua.
Termino citando a Christian Dunker; ¿Será que, en este año, realmente actué en conformidad con mi deseo?
Les deseo un excelente final de año y un excelente inicio de año.
