Pensar la infancia y la adolescencia desde la clínica psicoanalítica

Yazmín Paniagua Carreto

“En el niño, la casa y el cuerpo se confunden”

Françoise Dolto, Seminario de psicoanálisis de niños, p. 118

Atender niñas, niños, niñes y adolescentes (NNNA) es tener frente a sí, no solo un cuerpo, sino historias profundas y extensas, aún cuando su edad en algunos no rebase ni una década de vida. Acompañar infancias y a adolescentes es tener presente en el consultorio un extenso campo de significantes. Nombres, rostros, juegos, familia, dudas, escuela, amistad, un sinfín de términos vitales para ese sujeto/a en crecimiento, en construcción o deconstrucción, van emergiendo en cada sesión.

La interpretación de un/a analista se busca, ante todo, no ser muy pronta o apresurada.

Escuchar, dialogar con, sostener silencios, acompañar a NNNA es no ser condescendiente ni caer en un trato ni que simule o parezca indulgente. La postura no es asumir tampoco el rol de madre o padre, no somos La Ley, ni replicamos discursos de Amo. ¿Dónde nos encontramos como analistas? ¿Cómo construimos ese lugar junto con NNNA? ¿Qué papel juegan madres/padres/cuidadores?

Vayamos desglosando estas tres preguntas que me parecen de suma importancia para cualquier tratamiento con sujetos/as en este periodo de desarrollo.

Si bien hablar de niñez y adolescencia es abarcar un periodo amplio de tiempo, ellos y ellas pueden llegar al consultorio en diferentes edades. Pero cuando nos visiten y si no han cumplido los 18 años, que en México y en gran parte de occidente es cuando se estipula que ya son adultos, es muy probable que sean llevados por alguien más, que están pasando, pasarán y les pasarán muchas cosas. Que atravesarán las fases psicosexuales del desarrollo, a la par con su paso por kinder, primaria, secundaria o hasta su llegada al bachillerato, es decir, vivirán una gran cantidad de eventos sustanciales para la vida psíquica de cualquier ser humano. De esta forma, mientras se van desenvolviendo todos esos momentos de cambio, como analistas estaremos escuchando un lenguaje que se estará desarrollando, al mismo tiempo, en diferentes frecuencias propio de cada NNNA.

El acto analítico podrá suceder a partir de que pueda hacerse presente ese lenguaje otro que habita los cuerpos, el lenguaje del inconsciente. Donde no-todo es racional, consciente, lineal, unívoco y exacto. Escuchar-les para que se escuchen y, quizás, de paso nos escuchen un poco al devolverles eso que resuena de lo que les va pasando. Lograrlo es uno de esos sucesos que nos habla de que nuestra labor con ellos va teniendo lugar en su mundo. Hacernos un lugar allí, en su mundo, es parte de ese proceso aunque hay que tener presente “un psicoanalista debe cuidarse constantemente de dar significaciones de adulto a lo que dicen y hacen los niños”, siguiendo las palabras precisas de Louis Caldagués en el prefacio al tomo uno de los seminarios de Françoise Dolto. Porque recordemos no buscamos sustituir la figura materna o paterna en ningún caso. Para ello nuestro propio análisis o supervisión será clave para no transferir nuestros propios fantasmas o asumir mandatos de MPC sobre nuestros, nuestras jóvenes pacientes.

El acompañamiento del/de la analista se centraría en hacer, ser espacio donde puedan expresarse. Para ello, en la clínica con NNNA, empleamos el uso del juego, del dibujo, del modelado, del baile para encaminar lo que les sucede hacia un punto de “materialización”, de simbolización de sus afectos en sus propias significaciones. También acompañamos ese paso de los juguetes, los juegos hacia el espacio donde puedan jugar con las palabras, sus palabras. Porque antes de que llegue o no ese pase a diván será indispensable que suceda previamente todo un movimiento interno, donde los objetos no sean indispensables para ejemplificar lo que les pasa, que lleguen a un momento donde han libidinizado el mundo y lo llevan introyectado. Donde esos escenarios íntimos recrearán sus terrenos de juego de infancia a otros, donde habrá mayor terreno para lo simbólico y se reconozcan habitados por palabras e imágenes, por ese lenguaje-mundo que también les habita.

Cada historia de NNNA es única, y se complejiza a partir de que tenemos claro que no llegan solos al consultorio, van acompañadas/os por alguien. La función que represente esa persona tendrá mucho que ver durante el tratamiento. Llámese madre, padre, abuela/o, niñera, será quien acuerde con nosotros/as lo que concierne a las sesiones. Además de que siempre aparece la figura de alguno/a de sus cuidadores fundamentales, vemos su presencia velada por la escucha, a veces de forma más nítida que otras, en las palabras y actos de NNNA durante las sesiones. Así comienzan a desplegarse los puntos que nos auxilian para dibujar como estrellas que se trazan en la noche y que aún a plena luz del día continúan allí, surcando caminos, los puntos de las vidas de las/los/les jovencitos que vemos, escuchamos y acompañamos cada semana. A veces sin falta y aun cuando lo hacen, todo acto abona a ser leído por nosotras/os en el trabajo del análisis.

Si bien mamá/papá/cuidadores (MPC) no tienen que ser un problema durante el tratamiento, no necesariamente, bien puede problematizarse el papel que toman, paralelamente con la historia que cuenten NNNA. Porque MPC son funciones, nombradas en psicoanálisis, después de la escuela Lacaniana, como función materna y paterna, pero que sabemos no están encarnadas ni en el sexo ni en el género. Esas presencias en actos o ausencias tienen repercusiones en la vida de cada uno y por eso también son una constelación importante a ser contemplada en los mapas de vida.

Otro punto fundamental, que ellas/ellos/elles sepan que lo que nos cuentan en análisis es confidencial y no secreto es muy importante. Tanto para que se pueda construir un vínculo transferencial significativo como para no crear silencios cómplices de situaciones que les puedan poner en riesgo mortal. Porque mucho de lo que suceda en esa etapa influirá en su futuro. Para lograr construir estas sutiles diferencias será crucial dar lugar al tema, nombrarlo al inicio de la entrevista con MPC y en el momento en que nos presentemos con infantes o adolescentes.

Si bien cada analista tendrá su propia forma de construir su encuadre y enmarcar motivo de consulta, situaciones familiares, formas de acompañamiento y un largo etcétera las coordenadas compartidas líneas arriba podrían encontrarse en muchas de las diversas formas del quehacer clínico con NNNA, aún si el número de visitas que puedan tener lugar son unas cuantas o una extensa gama.

Escuchar a infantes y adolescentes es un universo sumamente nutrido de temas y algo que estará presente al acompañarles, sin importar la época, es que viven momentos de muchos movimientos, tal como el recorrido en una banda de Moebius. Por eso es de suma valía darles lugar, aportar nuestra escucha durante esos acontecimientos de vida para que NNNA sean valorados, respetados y se hagan respetar donde quiera que se encuentren.

Un comentario en “Pensar la infancia y la adolescencia desde la clínica psicoanalítica

  1. Excelente escritura, definitivamente resume lo que también un paciente ve y siente en la vivencia de asistir a terapia, vivencias de antes de los 18 ya se están marcando y que remarco que el analista también es y será una parte importante en la vida de cualquier NNNA.
    Fabulosa escritura, felicidades !

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