Víctor Villareal
El infierno son los otros
Jean-Paul Sartre
Estamos en una ruptura histórica antes y después de la pandemia, e intentamos subsanar una herida profunda con un curita, con el significante nueva normalidad. Sin embargo, Z. Bauman (Amor líquido) ya nos había advertido de estos lazos líquidos donde las relaciones se nos filtraban dejando un vacío, un hueco, la falta (a) al descubierto, sin obturar, sin contornear y así el goce era maquillado con el narcisismo de ser para sí: d(asen-Mi).
Y llega un virus con un nombre con el que me facilita metaforizar el COV-ID y parto con la pregunta ¿este ello es el que moviliza al sujeto a la transgresión? Salir sin cubre bocas, ni respetar medidas sanitarias, llenar playas y visitar familiares: “soy joven” “a todos nos pegará, pues de una vez” o el acto inconsciente de ir a gimnasios, comer en mercados, restaurantes, plazas, porque mi placer es primero, mi imagen narcisista de exhibir mi desafío al contagio, que soy inmune a la pandemia y he sobrevivido… ¿y… el otro? El que sí es población de riesgo, el que no tuvo la “bendición” de la selección natural.
Y entonces la sociedad se fue preparando sin saber para negar al otro (à) para fin de su supervivencia, pues necesita un narcicismo que le ayude a soportar ver enfermar a los demás o morir a sus seres “queridos” o allegados en algún lugar. Por ello planteo que está a la altura de la sociedad como dice Chul Han (Agonía de Eros) “El sujeto narcisista no puede fijar claramente sus límites, de esta forma se diluye el límite entre él y el otro, el mundo se presenta como proyecciones de sí mismo”
A la altura de la negación de la falta y del Otro, YO, SOY, OTRO…en un mundo de dioses, los mortales serán los nostálgicos, los soñadores, los que lejos de buscar la nueva normalidad y adaptarse, pensarán en un significante que sea el puente con el otro desde alguna ética del Deseo.
