El mercado y la apropiación de los cuerpos

Antonio Bello Quiroz

El cuerpo es un misterio que ha interrogado a la humanidad desde hace mucho. Ha sido un lugar común decir que el cuerpo es una máquina. Efectivamente, se trata de un conjunto de sistemas primarios y secundarios, teniendo a la célula como estandarte, que se encuentran programados para la conservación de la homeostasis y desde ahí el estado de salud. La historia del cuerpo es fascinante, en particular cuando la medicina, desde la anatomía y la disección de cadáveres, intenta entender la “máquina” que es el cuerpo y lo que con esa máquina se ha hecho y se hace en tiempos del capitalismo salvaje.

El misterio del cuerpo se centra justamente en esa condición de interacción entre el cuerpo y el alma. Freud le da un nombre a lo que ahí se juega, le llama Trieb, pulsión. Concepto basal que hace frontera entre el soma y psique. Se trata de una tercera sustancia (además de las dos sustancias cartesianas) que le da singularidad al cuerpo humano atravesado por el lenguaje. Desde entonces el cuerpo no es más el mismo, no operan más en el cuerpo humano sólo los instintos, que son de conservación, que apuntan a la vida, ahora también hay las pulsiones que no pueden ser sino de muerte y apuntar a la destrucción. Sustancia gozante es como le llamara Jacques Lacan a esta fuerza. El sufrimiento del cuerpo, el sufrimiento del cuerpo humano, es la expresión de la existencia de la pulsión de muerte.

El cuerpo es un concepto fundamental del psicoanálisis. Desde 1905 Freud nos enseñó que las representaciones reprimidas “hablaban en el cuerpo”, lo hacen mediante enigmáticas inscripciones, códigos grabados como jeroglíficos. Se trata de un cuerpo que va más allá de lo biológico. Un cuerpo hecho de palabras. Más aún, un cuerpo erogenizado por las palabras.

Parece que con respecto al cuerpo el psicoanálisis va en contrasentido de las técnicas del cuerpo que operan con la finalidad de ordenar el cuerpo, adaptarlo, hacerlo funcional. La llamada salud mental y los discursos de psicopatologización no escapan a esta intención de ejercer control sobre el cuerpo generando un discurso del ejercicio del biopoder.

Michel Focucault va a definir el concepto de biopoder como el ejercicio del poder sobre la vida y la mortalidad de los hombres. Los sujetos, en su singularidad, son segregados para centrarse en lo biológico. Mediante este discurso, el Estado busca determinar lo que, como masa humana, debe vivir y lo que debe morir. El biopoder se ocupa de las nuevas tecnologías aplicadas a la reproducción, la alimentación, la educación. El biopoder político opera mediante la promoción de dispositivos interesados en la apropiación de los cuerpos.

La tendencia de “atención” al cuerpo se gestiona mediante un “para todos” donde la singularidad se desvanece mediante la anulación del margen entre el adentro y el afuera. De esta manera, el sujeto nunca está afuera ni dentro de las normas. Lacan, en 1967, nos revela que “nuestro porvenir de mercados comunes será balanceado por la extensión cada vez más dura de los procesos de segregación”. ¿Qué queda segregado por el mercado? Justamente lo que queda segregada es la singularidad en que cada uno toma posición frente a ese gran desconocido, ese misterio, que es el cuerpo. El problema reside en que en la medida en que la ciencia apunta a la uniformidad, al para todos, lo diferente se hace más visible generando el silenciamiento y la segregación.

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