Helí Morales
La memoria es el trazo que deja el tiempo. El tiempo hecho escritura, se llama historia. La historia es un modo de hacer de la memoria, trazo del tiempo.
Este mes se conmemoran 50 años de las revueltas estudiantiles y obreras en París. Este año, hace cincuenta años del mayo francés.
Los movimientos estudiantiles del año de 1968, trastocan la escena política de distintos países: USA, Alemania, Argentina, Uruguay, México y, por supuesto, Francia.
En París, marzo fue el mes del incendio. La represión a un grupo de estudiantes prende la mecha del polvorín. Las democracias dormidas que negaban las crisis de sus universidades como espejos autoritarios y retrógrados del estado capitalista, se ven sacudidas por los gritos, los poemas, las consignas, las ideas y la revuelta de los estudiantes. A ellos se suman los obreros. En mayo, Francia ve nacer la huelga social más importante de su historia.
Pero no solo en el campo político y social las cosas se cimbraban. En el campo del saber, no hacía mucho, en discusión con el existencialismo pero, principalmente con el humanismo y la filosofía clásica, habían surgido distintos pensadores de diferente prácticas discursivas que cuestionaban la soberanía de la conciencia, al sujeto como centro y al saber cómo oráculo de los privilegiados del poder. Tomando como punta de lanza la lingüística y el pensamiento crítico, Althusser, Lacan, Barthes y Foucault promueven un discurso que cimbra las estructuras clásicas del saber instituido en las universidades.
Foucault, autoexiliado en Túnez, participa apasionado desde su casa y su palabra.
Althusser, se alista con sus camaradas de partido a tomar las calles y las fábricas.
Pero, especialmente Lacan, el psicoanalista que llamaban dandi, se posiciona suspendiendo su seminario en mayo del 68 en solidaridad con el movimiento y la huelga estudiantil. Realiza en acto, un apoyo a la revuelta de aquellos días, al interrumpir su seminario del Acto analítico.
Asimismo, el 10 de mayo, a la víspera de la famosa y violenta noche de los adoquines, adscribe y suscribe una carta junto con Jean Paul Sartre, Maurice Blanchot, Henri Lefebvre, André Gorz y Pierre Klossowski entre otros intelectuales, pensadores y activistas de la época. El texto de esa carta, publicada en el influyente periódico Le Monde, la convierte en un manifiesto:
“La solidaridad que nosotros afirmamos aquí con el movimiento estudiantil en el mundo -ese movimiento que viene bruscamente, en horas explosivas, de romper la sociedad bien colocada perfectamente encarnada en el mundo francés- es primero que nada una respuesta a las mentiras por las cuales todas las instituciones y las formaciones políticas (con muy escasas excepciones), todo los órganos de prensa y comunicación (casi sin excepción) buscan desde hace meses alterar a este movimiento , de pervertir su sentido, e incluso de volverlo risible.”
