Solidaridad

Victoria Leal

La solidaridad en momentos de desastres y daños provenientes de la naturaleza del planeta donde vivimos, es hoy muy señalada en los medios de comunicación y entre todos quienes tienen una palabra escuchada más allá del círculo de sus familias y amigos. Es el caso en este mes de septiembre del 2017, a propósito de los sismos del 7 y del 19 en nuestro país. Sin embargo, ¿qué es eso a lo que se llama solidaridad? La palabra y su uso tienen una evolución larga en la historia hasta desembocar en un concepto formado por dos palabras: solidaridad económica. Pasando por la doctrina social de la iglesia católica y su degradación en distintas formas de la caridad cristiana. Aquí, querría señalar sólo que la solidaridad se clasifica de maneras en las que sus condiciones propician su ejercicio, por lo menos en su condición temporal o, formal y permanentemente comprometida. Así, es posible preguntar: ¿la solidaridad que se reconoce en los mexicanos en momentos de pérdidas tan elementales para la vida, de qué tipo es? Diríase de tipo temporal y provisional, circunstancial. Movida por sentimientos que se llaman de empatía y cercanía, pero que pasadas las contingencias cesa. ¿Podría por ello disminuir su valor, ésta solidaridad ejercida sólo por el tiempo en el que duran los acontecimientos de necesidad para los damnificados? Por supuesto que no. Aunque en la cotidianidad no se muestre solidaridad alguna ante los agraviados por un asalto o robo en la calle, como en el propio domicilio y surja contradictoriamente ante un desastre que involucra no a una persona sino a un conjunto, no por ello no es valiosa. Quizá parte de lo que ocurre sea que -ante la pérdida de la vida, de los bienes básicos como el hogar, el trabajo y la seguridad ante el peligro impredecible de fuerzas naturales e incontrolables-, los que se tornan solidarios desearían no verse nunca ante esas pérdidas, pero teniéndolas tan cerca en el mismo suelo y bajo el mismo cielo, les resulta imposible no identificarse compartiendo la desgracia en forma de auxilio y apoyo. Además de experimentarse ligados, con la oportunidad de ejercer una identidad fraterna, frente a una fuerza mayor y monstruosa que los reúne para no dejarse vencer.

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