Jacobo Rodríguez Flandes
En 1974 Lacan introduce un neologismo que ha tenido a bien producir discusiones sobre el mismo, así también sobre el lugar del psicoanálisis en cuanto a su relación con la ciencia. Me refiero al “moterialismo”, presentado en la Conferencia de Ginebra sobre el síntoma, Lacan menciona lo siguiente:
“Es, si ustedes me permiten emplear por primera vez este término, en este motérialisme que reside la captura del inconsciente — quiero decir lo que hace que cada uno no haya encontrado otras maneras de sustentar lo que recién llamé el síntoma.” (Lacan J. 1974)
Dicho neologismo carece de secuencia por el mismo Lacan, sirviendo de punto de partida para múltiples formulaciones posteriores y contemporáneas. Se podría describir de manera superficial el “moterialismo” como una vía que compagina lo corporal y el lenguaje, la posibilidad de que permite anudar el registro simbólico con el imaginario en lo inconsciente como se describe claramente en el nudo Borromeo de Lacan.
Me gustaría plantear esto de una manera más clara, ya que desde sus inicios, Freud fue muy pertinente en resaltar la manera en la que lo corporal o material, se vincula con lo anímico, lo psíquico, así es como en 1890, en un artículo de título “tratamiento psíquico, tratamiento del alma” Freud acierta en relacionar lo corporal y psíquico como instancias diferenciadas pero con una relación de continuidad, como en la banda de Moebius y por otro lado considerar a la palabra como el elemento que compone lo anímico.
Empezamos con dos puntos básicos para el desarrollo posterior, en primer lugar, lo anímico y lo corporal (material) son dos instancias diferenciadas, pero con una relación de continuidad, en segundo lugar, lo psíquico o anímico está conformado de palabras. Este segundo punto encuentra ciertas similitudes con lo descrito por Skinner en “la conducta verbal” texto sobre el cual me permito señalar tres puntos. Skinner describe la conducta verbal interna como lo psíquico, para él la “mente” es propiamente compuesta de lenguaje, en segundo punto, las palabras adquieren una consecuencia verbal, y en tercer punto, el significado de lo dicho estaría ampliamente determinado por las consecuencias que este produce.
El interés del lenguaje presentaría una bifurcación importante, para Skinner el significado y discurso son productos del ejercicio de condicionamiento, mientras que, para el psicoanálisis, la primacía del significante y de su lógica descrita en la obra de Freud, abrían paso para indagar el los efectos apartados de la conciencia y de la voluntad como productos de la inmersión del lenguaje como sistema de diferencias.
Otro componente vertebral del psicoanálisis se implica en el fenómeno de la memoria, lo efectos de la historia en una secuencia atemporal de implicaciones lingüísticas, la memoria, al ser un resto, una reminiscencia, nos dice Freud, que permanece abierta a alteraciones, aunque, al mismo tiempo constante, es algo que podríamos nombrar como una variable constante, es decir que dicha huella mnémica no nos ofrece un fiel reflejo de la percepción original, dicha huella es alterable, maleable pero sin una condición de voluntad, y por último, no es algo que pueda ser fielmente eliminado, su prevalencia a lo largo del tiempo solo hace constatar su carácter persistente. No es que se tenga una memoria como un repertorio, es que la memoria es el acto de recordar por sí mismo, Freud plantea un esquema, una tópica que permite más fácilmente o de manera más accesible tener en cuenta algo que es del orden del acto. Y es así como en Psicopatología de la vida cotidiana y en Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico que lo pone en entre dicho, las imágenes oníricas, los lapsus, los olvidos, los actos fallidos, la compulsión a la repetición, lo síntomas, son en cuanto hablados.
Lacan en función y campo de la palabra, dentro de este escrito Lacan articula una de las más importantes directivas del psicoanálisis, “lo inconsciente está estructurado como un lenguaje” lo inconsciente es entonces un producto de lenguaje que sigue las reglas estructurales del mismo, por un lado el lenguaje como tal en su función comunicativa tiene su lugar pero lo inconsciente se guía no por una primacía del significado, es decir que dentro de un análisis se trata de una primacía del significante, sobre la cual quisiera introduce el aspecto fonológico.
En “la instancia de la letra en el inconsciente o la razón en Freud” tomando los modelos fonológicos de Jackobson y de Trubetzkoy, Lacan fórmula una visión lógica de lo inconsciente, el cual se mueve por pares de oposición, la principal característica de tal fonología estructural, radica en la no compaginación del significado con el significante “El significante, por su naturaleza, no tiene más sentido que el que resulta de la diferencia con otros significantes.” (Lacan J. 1957). Durante el seminario de la psicosis, Lacan da el nombre de deslizamiento fonemático glissement phonématique para describir el moviente significante a través de los sonidos dentro de una cadena de lenguaje, es decir, las semejanzas sonoras, sustituciones, deformaciones fonéticas, que pueden producir efectos de sentido inesperado. Así también durante el seminario de las psicosis, Lacan resalta “El inconsciente se desliza en el nivel fonemático, donde el sonido del significante se impone sobre su sentido.” (Lacan J. 1956) es decir que lo inconsciente opera a nivel de sonido, por lo tanto, en acto, lo inconsciente opera con significantes materiales, en acto y discurso, de ahí el materialismo, ya que podemos entender lo material del pensamiento en su realidad discursiva, los fonemas o fragmentos sonoros, se deslizan entre sí, se sustituye, se con-funden, básicamente, los significantes copulan en lo inconsciente.
Por otro lado, la letra o la grafía el trazo en Lacan devendría en primera instancia esa materialidad del discurso, “La letra es el soporte material que el discurso concreto toma del lenguaje.” (Lacan J. 1957) Por lo que podríamos decir que el escrito se encuentra en el trazo entintado, pero de la misma manera en la huella mnémica, más adelante en 1971 Lacan sostendrá que “El escrito es lo que queda cuando el decir ha pasado.” La diferencia entre el parole (el decir) y el escrito, hace referencia a este lugar singular del acto como tal donde lo inconsciente se hace hablar dejando una grafía, por lo que lo inconsciente es siendo en falta en ser.
De esta manera me gustaría implicar dos cosas, la traducción de “moterialisme” al español y con las implicaciones aquí presentadas, tendría una vinculación más correcta como “Materialetra” y por otro lado, considerar la vinculación de la historia, trazo y fonema en el neologismo “histofonografia” como la función material del campo psicoanalítico, propuesta que evidentemente es incipiente.
Hablar de ética ya sea en Aristóteles o en Kant es hablar de imperativos sobre el bien, lo correcto, lo unitario y demás, la ética del psicoanálisis es ubicada a la fidelidad al deseo inconsciente, Lacan asevera “El único acto verdaderamente ético es no ceder ante el deseo.” Un deseo no es un anhelo ni una necesidad, el deseo es la huella de una falta.
“lo que es, es y lo que no es, no es” la ontología de Parménides, así como la de básicamente todo el pensamiento occidental radica en eso, que según Parménides, es lo mismo pensar que ser, lo que es, es, por lo tanto se es siendo, en este punto la coincidencia radica en que la especificidad ontológica del sujeto se encuentra en el estado de materialidad de discurso, lo inconsciente como acto, es siendo, el problema se implica en la triada “ser, pensar, decir” la tradición occidental nos plantea la posibilidad de que se es y se puede acceder a la verdad del ser por un decir, frente a esto Lacan dice “El ser no se dice sino parcialmente.” Dentro del seminario XX, hay algo del ser que no puede ser dicho, pero que insiste, la cualidad del deseo es esta, planteado como un vacío topológico cuyas consecuencias son su insistencia en un decir, ahora ¿Cómo le hace un psicoanalista para acceder a eso (ello)? lograr tal dirección de cura es sinónimo de ir en sentido contrario a la sugestión, un analista, no pretende ser guía, gurú, ni sostenerse en un lugar de amo al cual hay que obedecer ni identificarse, a palabras de Lacan, “el arte de analista consiste en suspender las certezas del sujeto” es decir que saber escuchar lo que anteriormente se ha desarrollado como una “histofonografia” es un trabajo que implica una ética del fonema como lo material del discurso, ser psicoanalista es practicar una fonética.

