Laura Montero de Espinosa Copado
En alguna ocasión escuché que la profesión del analista es muy solitaria. En ese momento no lo sabía a qué se referían. Estaba en supervisión (control), estaba en la maestría, iba a congresos, conferencias, fábrica de casos, diplomados, cursos, etc. Todo aquello que entonces me hacía pensar que estaba acompañada de aquellos que se interesaban en lo mismo que yo, el psicoanálisis. La transferencia era entonces al psicoanálisis.
No tardaría en darme cuenta de que los grupos, sea la identificación a lo que sea, tienen una lógica de funcionamiento, unas características propias. Con las diferencias inherentes por ser sujetos pero ¿el sujeto deja la diferencia de lado para pertenecer a un grupo? Porque los psicoanalistas trabajamos con la diferencia, pero ¿qué sucede con la dinámica de un grupo de psicoanalistas? ¿damos lugar a la diferencia del otro aun estando en un grupo? ¿Se pierde un analista en un grupo bajo las características de funcionamiento de este?
Es difícil. Parece que las reglas de un grupo están por encima de los ¿principios? con los que trabajamos los psicoanalistas: dar lugar a la diferencia, escucharla, el caso por caso. Hablo de diferencias sobre a quién lee uno y a quién lee otro, sobre quién es más psicoanalista como si fuera en función a cuántas intervenciones hagas en sesión y qué tan largas sean estas. Sobre a qué grupo perteneces o con quién te juntas/discutes/trabajas. Recuerdo hace un tiempo que alguien de una agrupación me preguntó por qué me llevaba con ciertos analistas. Cuando se dio cuenta con mi respuesta que mis amistades o vinculaciones no se iban a discutir por estar en su grupo, procedió a contarme una serie de historias sobre estos amigos para hacerme cambiar de opinión. Es evidente que mi posición en aquel espacio era insostenible, porque se trataba de sacrificar amistades y mi ética para pertenecer ahí. Y no, yo no pertenezco a eso, sea lo que eso sea. Me quedó claro que se trataba de descalificar, destrozar, aniquilar el trabajo ajeno para acreditarse esta persona como analista. De estos hay muchos.
Eso ya he visto que es común. Hundir a chismes de pasillos a uno para poder subir de peldaño. Lamentable recorrido…al vacío.
En otra ocasión se me sacó de otro grupo en una aplicación por proponer en una reunión la posibilidad de contactar a más colegas para que compartieran su trabajo. Alguien me dijo: “es porque te vinculan con fulano”, y otro me dijo: “es porque no se llevan con los que propones”. Luego entonces yo debía conocer las transferencias y contratransferencias ajenas para no ser excluida.
Es realmente difícil ver cómo las diferencias (que ni de frente se dicen) ponen distancias en vez de ser escuchadas para discutirse ¿no es algo que se supone hacemos? Como si el psicoanálisis tuviera que ser normativo, como si hubiera un manual de intervención. Como si los tiempos fueran cronológicos y no lógicos. Una cosa es que alguien no te caiga bien, otra es que no se respete su trabajo. Y tal vez la distancia que hay entre una y otra es cuánto análisis hay por medio y cuánta castración se permite uno atravesar. Tendría que pensarse qué tan amenazado se siente uno para denostar al otro.
Nuevamente, la transferencia es al psicoanálisis, y hay quienes levantan la bandera imaginaria de la verdad psicoanalítica denostando lo que diga el otro. Las pasiones no están fuera, aunque se presume que deben estarlas. La envidia, los celos, la rabia y hasta la agresividad por política, en grupos y entre grupos se concentran y hacen su magia devastadora. La crudeza y miseria humana es parte de nuestra realidad. Pensar como pensé al inicio de mi formación que porque la transferencia sea al psicoanálisis los psicoanalistas nos amamos/respetamos/escuchamos todos, ya lo tiré por el barranco. Puro ideal.
La intención de este escrito es abrir un diálogo, aunque probablemente no sea sin escozor, pues este pequeño texto llevaba tiempo reposando en el tintero, y no veía la luz por ese temor a la imposición de lo que está en ese manual de psicoanálisis que todavía no encuentro y al parecer algunos poseen, pero como afortunadamente no quiero ese recetario, a ver qué se construye… (o destruye).

