Alejandro Carrillo
El reciente sábado 26 de octubre, en la Ciudad de Puebla algo del pretendido Uno se averió.
Nos dimos cita entre muchos otros más invitados, algunos miembros de la ESLEP torno a la presentación de los libros Revoluciones sin balas e Historias de Amor, Enfermedad y Muerte, de Rodrigo Garnica y Asbel Hernández, respectivamente.
El espacio de este evento fue el Foro Cultural Karuzo, el cual es impulsado por Itzell
Sánchez y Arturo Muñoz, magníficos amigos y anfitriones, además de proverbiales
activistas de la cultura. Este lugar es… “Desde hace 18 años, un punto de encuentro imprescindible para los amantes del arte y la creatividad. Situado en el centro de la ciudad, este espacio dinámico ha florecido como un faro para artistas emergentes y establecidos, por igual… y que ha servido como plataforma de lanzamiento para numerosos artistas, proporcionándoles un espacio donde puedan exhibir su trabajo y conectarse con otros miembros de la comunidad artística” esto en palabras del periodista Juan Sebastián Gatti (1).
A cargo de las presentaciones estuvimos: Carolina Rojano, Greta Valverde, Laura Montero de Espinosa y quien relata; dialogando por más de dos horas, sobre literatura, historia, y sociedad, con los autores, con el público y entre nosotros. De la actividad quiero destacar el hecho de que si bien el pretexto trazo son los libros, la serie de pasiones se enlaza entre los que escriben, los que leen, los que hacen actividades culturales, y no permite un protagonismo esférico único, sino cada confluencia iba compartida, entre pares, entre varios, por los eventos entre nos, divididos, y que se aúnan en este caso por los lazos culturales, psicoanalíticos, de escuela y personales. No se diga ya de la escritura de un texto, pues aunque se requiere cierta individualidad, intimidad, o soledad; para armarlo, es necesario dar mano y oído a otros textos, a otras voces, a la invasión lenguajera Otra, que se escribe ¿UN? libro, si los libros son colectividad. Habría que distinguir de cada libro, que en realidad es biblo, es decir, opera como significante: A saber, no sin otros, ambiguo, de sentido variopinto según su orden de lectura, sin significado, pero aspirando a significar, pues cada libro son varios libros; y también habría que distinguir de cada libro si está en juego con una psicología de masas, o es un libro inscripto en el discurso amo, o que reconoce su multigen y hace colectividad o que hasta provoca oquedad generatriz de deseo.
A propósito de esto, la bella historia que nos contó Asbel ese día de la portada del libro de Rodrigo. Así la recuerdo…
“El trabajo de diseño de portada original se pensaba como un puño alzado, remitiendo a las revoluciones y ese signo, sin embargo, como en el libro se habla de las revoluciones sin balas, se propuso que ese puño fuera una mano en apertura, y sin tocarse, que estuviera el signo de la coma, significante de la pausa, el silencio y la espera”. A mí se me ocurre extender eso en correlato a la falta, a la falta en el intersticio inasible del signo, pues el tiempo, evidenciado en la coma, es también lo que nos falta.
Un penúltimo comentario a este texto es mi experiencia de paso por estos increíbles libros y el por qué recomendar su lectura. Ambos libros de Abismos Editorial son bellas piezas, pero con sentidos diversos. El de Rodrigo Garnica Revoluciones sin balas permite una lectura accesible, grácil y en plétora de agudezas que hace un recorrido de los últimos 150 años para pensar tres historias de lucha entrelazadas, con revolucionarias ideas y actos, como lo son los movimientos juveniles, los de las mujeres y los homosexuales, sin dejar de lado sus paralelismos y confluencias otras vez por lo social, de la música, las drogas, la píldora de anticoncepción, la transformación corporal, y todo esto contado por alguien que desde su vida y educación ha tenido que transformarse para poder seguir siendo humano, revolucionando él con estas revoluciones, aprendiendo de estas, escribiendo con estas y además con una serie de recomendaciones culturales para seguir aprendiendo del tema, vía la literatura, los documentales o el estudio de la historia. Es un hermoso texto para jóvenes, escrito por un joven, pues Juventud debe ser algo así como el deseo de viajar, conocer, renovar, aprender y amar, joven debe ser quien acepta sus limitaciones para seguir creando
más allá de estas.
Leer a Garnica es como un Crimen y castigo, pues se pasa de la miseria, al crimen, de la culpa, al castigo y al malestar, del caos, a la infelicidad, pero siempre hay un hilo de humor, de esperanza, de ganas de seguir leyendo buscando un final alternativo. Por otra parte, leer a Asbel Hernández, como con su terriblemente hermoso “cinque storie” llamado Historias de Enfermedad, Amor y Muerte, es El proceso.
El título es claro, se sabe que son algunas historias cortas, son evidentes los temas, lo intragable es el efecto de ese proceso, se sabe dónde, cómo, cuándo, pero no el por qué, como en la obra de Kafka aludida, la de ella es una escritura lóbrega, ominosa, y con rodeos al amor, evidenciando como se ama con odio, se odia amar, y se ama hasta la muerte. Nuestra querida escritora crea en el dolor, nos duele leerla, pero lo escribe con gala y terciopelo negro, y no porque se evoque a la carne enferma, maloliente y que deja de vivir, se deja de admirar con horror la historia, que es la de cada quien, de todos nosotros, al final de los lazos.
Agradezco la lectura a este texto, y al espacio de la Escuela por propulsar las ideas, los textos, y sus encuentros.
1 Artículo de Juan Sebastián Gatti, titulado: “Sigue celebrando el Foro Cultural Karuzo su 18º. Aniversario”,
publicado en el periódico La jornada de Oriente, el 14 de abril de 2024.
