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¿Presencias virtuales?

Ha habido de 3 a 4 revoluciones industriales. Los autores, sobre todo sociólogos aún no se ponen de acuerdo del todo. La primer revolución industrial duró aproximadamente 100 años; la segunda, 75 teniendo una transición de 30 años entre la una y la otra, y la tercera revolución industrial, donde aparece el internet y las energías renovables, parece que va más rápido, y que se está planteando que su duración sólo sea de 25 años, ¿cuánto durará la transición para la cuarta revolución industrial ó 4.0? En esta última, no sólo es estar en la red, sino incluye a los nanochips, y el internet de las cosas, la biotecnología, robótica, inteligencia artificial[1], así como también la realidad virtual, y que estamos por alcanzar la tele-presencia[2], donde ya no es necesario ir a trabajar a la industria, fábrica, consultorio, sino que existe un homeoffice, donde se puede manipular al internet de las cosas vía remota, donde ya no hay un encuentro con el otro, como de antaño.

Antes de que terminara la segunda revolución industrial y antes de iniciar la primer guerra mundial, se da lo que se conoce como Fordismo. Bauman, en su libro Modernidad Líquida nos dice que éste “fue la autoconciencia de la sociedad moderna en su fase “pesada” y “luminosa” o “inmóvil” arraigada y sólida… el capital, la dirección y el trabajo estaban condenados… a permanecer juntos durante mucho tiempo, tal vez para siempre -atados por la combinación de enormes fábricas, maquinaria pesada y fuerza laboral masiva… La fábrica fordista… era sin duda el mayor logro hasta el momento de una construcción social tendiente al orden» [3]. Sí, al orden y sobre todo a la “presencia” de los trabajadores en la industria.

Hasta aquí, hemos visto cómo el desarrollo de la industria, con ello, el desarrollo del capital, movilizaban a las personas, las familias, los grupos, los individuos se organizaban en función del trabajo, los horarios, el uso del dinero, la adquisición de bienes, dónde se laboraba, dónde se consultaba, así como distribuía el ocio, el placer y también las relaciones amorosas, hasta el juego en los niños.

Parafraseando a Alicia Donghi en el libro Tecnogoces, esto empieza a modificarse a mediados del siglo XX, donde empieza a hacer crisis el modelo familiar clásico, así, empieza a liberarse el dinero -capital como modo de producción. Se da la emergencia del dinero en forma de letras y acciones, sistemas de seguros, prestaciones de servicios, se da la optimización de producción-consumo-servicios, y así se da la “verdadera revolución tecnológica”.

Alrededor del dispositivo familiar clásico “se organizaban vínculos marcando el lazo social efectivo entre los sujetos. O sea a mayor compromiso afectivo más consolidada esta figura, reforzada por la articulación con la producción y el capital. La construcción y diseño de la subjetividad desde lo familiar es una estrategia económica y de poder del conjunto de la sociedad, configurando al mismo tiempo sus condiciones de existencia y permanencia como dispositivo nuclear[4]

Y continúa: “la felicidad y el placer quedaban soldados al éxito y la multiplicación de las ganancias… el calendario estaba estructurado en función de la producción y los espacios laborales, familiares y de ocio estaban perfectamente regulados. Ahora se estructura el tiempo de acuerdo con un menú armado desde las tecnologías del marketing: se induce al consumo de determinadas mercancías en tiempos prefabricados.[5]

En la cuarta revolución industrial, como ya se mencionó, el homeoffice o la tele-presencia, la presencia física no es necesaria. Aparece en plena pandemia un nuevo término que, Ariadna Estevez introduce, el Zoomismo y lo define así:

Estamos frente a un cambio de la importancia de la transición del fordismo al toyotismo. Este cambio tiene el objetivo de inmovilizarnos lo suficiente para no detener la producción y el consumo, pero sí reducir la propagación del virus humano, ¿el cual se ha inoculado en el medio ambiente haciéndolo inhabitable y cada vez  más  devastado  para  su aprovechamiento.  Una microeconomía del autoencierro está ya en marcha, el zoomismo.

Si es el zoomismo, por lo tanto, lo virtual para la presencia ¿Podríamos pensar que estamos ante presencias virtuales?

Jan de Vos, psicólogo y psicoanalista menciona lo siguiente en torno a la presencia escolar “por supuesto, la mecánica cuántica da cuenta de la virtualidad, pero al fin y al cabo se trata de una virtualidad de la materia y no de la virtualidad simbólica que hoy en día es tan importante ¿quizá esta virtualidad simbólica concierne a otra materialidad diferente respecto de la materialidad química…” Lamentablemente sólo habla en torno de la presencia escolar. No de la presencia de los sujetos en el consultorio. No de niños, no de adolescentes, no de adultos.

O tendremos que pensar como Žižek, que existe la realidad virtual y el carácter real de la virtualidad, y pensar que la virtualidad siempre ha regido nuestra realidad pero, va más a fondo pensar lo Real virtual, lo simbólico virtual y lo imaginario virtual.

¿Cómo llevar esto a nuestra clínica? ¿Cómo hacer de cuerpos que no están físicamente en el consultorio, a una presencia virtual, y si esta es simbólica, imaginaria y real?


[1] Jalife en La invisible cárcel cibernética. Pág. 13

[2] Entrevista a Óskar Ozlak por la Escuela Freudiana de Buenos Aires, “Psicoanálisis y Cultura: la tecnologización de la vida cotidiana.

[3] pág. 62-63 modernidad líquida.

[4] pág 21 tecnogoces

[5] pág. 24 tecnogoces.

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