Fernando Azcárate
En la Escuela de la letra psicoanalítica nos hemos planteado, históricamente, dos cuestiones que me parecen importantes. La primera, ¿qué implica la pertenencia a la Escuela? Esta cuestión, en particular, me gusta mucho. La pertenencia a la Escuela, me implica tener cierta asociación con otros que, como este que escribe, nos estamos formando como analistas. En esta implicación no hay pertenencia, ni pertinencia, como para que estemos siguiendo a un líder, a un amo o a un maestro; sino que con otros, encontremos un camino en la clínica y en lo social; con los otros que nos acompañan. Es que en la lógica significante, un significante no se significa por sí mismo, sino por otro significante; de modo que el significante es diferencia absoluta, no mismidad. En este camino con otros, que nos enfrenta a la diferencia, justo de la otredad, en su pertenencia más inexistente, pondría el acento en el hecho de que aquel que designa la pertenencia -en su ejemplo más extremo, que es la exclusión-, no escucha la diferencia, sino que está en función de la mismidad. La lógica de lo mismo y lo otro, cuyo inicio pudo haberse dado en el Parménides de Platón y continuó entre Gilles Deleuze y Michel Foucault, encuentra en Jacques Lacan un asidero firme por su freudismo. Es en la psicología de masas que, quien busca un líder, encuentra felizmente una mismidad que lo hace recargarse en un amo creyendo en la posibilidad de una exclusión que no admite diferencia. Es así que declaramos nuestro rechazo feroz a quien desde una mismidad, al “interior” de una Escuela, busca una exclusión, busca la exclusión de un compañero; situación que me convoca a responder dándole con la escucha, un lugar a la diferencia, para poder sostener el movimiento de Escuela. Recordemos que a los tres pilares para la formación, que Sigmund Freud planteaba, Lacan añade un cuarto, que es que “el psicoanalista se autoriza por él mismo, y por algunos otros”, que son los compañeros de la Escuela poniendo en juego el pase; que hemos dado en llamar pase testimonial. Lo que nos lleva a la segunda cuestión, que nos remite a la manifestación del compromiso con la Escuela.
Así llegamos a la lógica más paradójica, gracias a la cual se posibilitan opciones; la lógica del tipo: “Todo es verdad (lo anterior es falso)”. Contradicción manifiesta que da lugar al sujeto, en el punto en el que Freud, con el descubrimiento del inconsciente, puede responder a Aristóteles que los contrarios coexisten fuera de la oposición que los marcaba con la imposibilidad, en los prosdiorismos que el último propuso en alguna parte de su Organón. Es la marca la que queda como huella del sujeto, huella borrada de lo que fue y que estaba por ser. Que el sujeto no es, no le quita su cualidad de imposibilidad. Pero no nos desviemos del tema al buscar hacer aparecer al sujeto a partir de la huella de su rasgo, que es lo único que quedó de su encuentro con el Otro; del ideal sabemos por lo que hubiera querido ser. No es por la formación de compromiso, la vía del síntoma, por la que, idealmente se daría el lazo con el Otro, es por la diferencia, que es la Escuela. Es que manifestamos nuestro compromiso con la Escuela asistiendo a todas las asambleas, participando en todos los carteles en los que nos toca estar, tomando todas las desiciones que nos corresponde tomar, y dando todo el dinero que me comprometí a dar; pero no todo, no siempre, que no es lo mismo que nada y nunca. Es que gracias al notodo, que Lacan abrió, se han dado posibilidades al sujeto fincadas no en la mismidad del todo, sino en lo que lo hace diferente. Lo que implica que: “Si no-todo, entonces algo sí”. Lo podríamos reformular así: “Si no-todo está implicado, entonces habrá algo que sí”. O, siguiendo la primera proposición que pusimos de ejemplo: “Si no-Todo es verdadero, habrá algo que sí”. La totalidad es imposible. Y volvemos a ser freudianos dándole lugar a la contradicción de la que, el vienés, decía que en el inconsciente no hay. Es que el sujeto está en la frase, se cuenta por su rasgo, pero aparece por su falta. Si no fuera así, ¿cómo darle lugar al Otro, a los otros, cómo estar abierto a la diferencia? La única posibilidad es agujereando el todo, lo universal.
Por último quiero puntualizar mi agradecimiento a la posibilidad que estas cuestiones abren. Es que el agradecimiento agrede si miento. Agrede si miento diciendo que al responder estas preguntas no construyo mi lugar en la Escuela, produzco mi lugar en la Escuela, más que explayar una lógica de la cual pude haber hecho lujo. Es un honor ser un adoquín más en el camino de esta formación que es la Escuela.
Atte. Fernando Azcárate Varela.

