Yazmín Paniagua Carreto
¿Es el sueño una actividad exclusiva de personas que vivan en un punto geográfico específico o bajo ciertas condiciones materiales? Absolutamente no.
Nadie está exento de la vida onírica. Soñar es de humanos, aún en medio de una pandemia.
Los sueños y su interpretación tienen un lugar central para el trabajo clínico en psicoanálisis.
La obra que hace un estudio paradigmático para la historia de la humanidad sobre este tema fue escrita por Sigmund Freud quien edificó el oficio de la escucha del inconsciente con fines terapéuticos.
Leerlo a 120 años de que dicho texto viera la luz es encontrarnos en medio de una distopía.
El inicio, diciembre del 2019, Wuhan, China. Casos que comenzaron como una neumonía pasaron a ser el hallazgo de otra forma de coronavirus, el COVID-19.
El viaje de este virus fue rápido no sólo en los alrededores de esa ciudad, sino que, en cuestión de semanas, desde Oriente hizo un recorrido hacia la Unión Europea para arribar, casi sólo un par de meses después, también al continente americano.
Vimos el cierre de las fronteras de muchos países, vuelos cancelados, parecía la forma de poner un alto en su desplazamiento, pero para ese momento ya era una noticia de primera plana, teníamos un problema de salud global.
Quizás fue gracias a que la OMS lo declaró (mediáticamente) como pandemia, y que los casos confirmados no dejaban de aparecer en sus territorios, es que los gobiernos pasaron a suspender la impartición de clases en todos los niveles, así como las actividades presenciales.
Comenzamos a escuchar sobre el cese de las actividades “no sustanciales” y el llamado al auto aislamiento.
La sanitización (y todos sus equívocos) de superficies y de manos se volvió imperativa.
Lo que parecía una medida de “sólo un par de semanas” nos tiene en este momento sin un cese confinamiento en casa concreto.
Cada país ha sobrellevado esta medida de maneras distintas.
Pero es el personal del sector salud el que ha seguido trabajando aún bajo condiciones y jornadas de trabajo no siempre ideales.
Tanto para quienes afrontan el virus en su primera línea como para quienes han sentido los efectos del cambio social y psicológico debido a esto su dimensión es de todo tipo, pero sin duda su impacto es incuestionable.
En relación al llamado a quedarse en casa, sabemos que hay quien no ha podido mantener esa medida por mucho tiempo porque necesita continuar trabajando ya que sus ingresos solventan sólo su día a día; pero también está ese otro sector de la población que sí puede hacerlo.
Tanto uno como otro, cualquiera de estos grupos ha tenido un cambio de su rutina diaria, directa o indirectamente. Ya sea como alguien que ha perdido a un ser querido a causa del virus o más como espectador, cualquiera ha visto modificado su entorno y relaciones inmediatas.
Las personas han tenido que mantenerse en casa más tiempo del acostumbrado, no hay eventos públicos, no cines, no plazas, todo cerrado. Las emociones y afectos no han encontrado la vía de escape habitual.
¿Qué ha generado? Entre otras muchas cosas, que la vida onírica se encendiera.
Algunos lo nombran como sufrir insomnio, tener problemas para dormir, pesadillas o sueños extraños.
De esto escuchamos constantemente en la clínica (la cual también ha tenido algunos cambios en sus dinámicas habituales) pero curiosamente también lo hemos podido leer en las redes sociales con un poco más de frecuencia (existen campañas del sector salud con sugerencias para dormir mejor).
Es cierto, esta situación es algo del orden de lo extraordinario, no es para menos que las y los sujetos sufran los cambios, pero considerar nuestros sueños solo como resultado de este momento, no sería del todo certero. Pudieron cambiar para muchos la hora en que despiertan o se disponen a dormir, incluso pudieron aumentar o disminuir sus horas de sueño, pero la actividad onírica está presente desde que nacemos y está habitándonos también ahora, quizás es a partir del cambio de la vida cotidiana que el foco de atención ha pasado a ese lugar.
En estas semanas se pueden encontrar en perfiles personales de alguna red social quejas sobre sueños de índole en extremo surrealista.
Algunos dirán que es por lo difícil de los eventos actuales, otros añadirán que es también por la disminución de actividades en el exterior, otros incluso que es a causa de los astros, algo es seguro, las personas están notando que sus sueños han cambiado de tono o tan solo que soñaron.
“He soñado mucho con mi vida cotidiana antes de la pandemia” (27-04-2020)
“Yo sabía que en la cuarentena se soñaban cosas raras, pero soñar estar en una batalla de gallos contra Madonna…” (21-05-2020)
“Venus retrógrado en Géminis me está haciendo soñar mucho con mi ex” (15-05-2020)
“Estoy asustada porque desde pequeña no soñaba nada, en serio nada, y desde que empezó la cuarentena empecé a soñar otra vez” (22-05-2020)
Sólo unos brevísimos ejemplos que pude leer en días pasados sobre los sueños durante esta contingencia.
Aun cuando no hablan de interpretación como tal o quizás algunos se refieran a contemplarlos desde el psicoanálisis sabemos que en los sueños se ponen en juego nuestras cargas afectivas no solo de un día, uno, dos meses atrás sino de toda nuestra vida, desde sus inicios. El inconsciente es atemporal.
Algo de la vida de los soñantes está dando espacio para llamar su atención.
Tal vez, precisamente ahora, sí, bajo estas condiciones tan peculiares y en las que han disminuido ciertas actividades fuera de casa, es que parece más audible o hasta tangible lo que soñamos.
Sobre esta aparición de “sueños extraños” citaré un breve párrafo de La interpretación de los sueños “Donde el cumplimiento de deseo es irreconocible y está disfrazado, debió existir una tendencia a la defensa contra el deseo, y a consecuencia de ella el deseo no puede expresarse de otro modo que desfigurado” (p. 160).
Lo soñado, los elementos allí presentes, protegen todo el acto del soñar, y son representantes de múltiples pensamientos oníricos, lo que quiere decir que no tienen un significado literal, hablan de la presencia de los significantes de quien sueña.
Sobre esto tiene la palabra el soñante y sólo el soñante.
Se sueña inevitable, aunque algunos lo querrían evitar, ¿será posible?
Si así lo fuera, ¿De qué nos serviría? (vivir en un estado de nirvana perpetuo, como los personajes de cierta historia que tomaban soma) ¿Cómo sabríamos lo que nos habita si no experimentamos algún cambio ni fuera ni dentro nuestro?
Interrogar(nos) escuchando nuestra vida onírica, incluso en medio de esta pandemia, jamás ha sido tan vigente como aquel año de 1900 en que hablar de lo que soñamos cambió para siempre. El terreno de los sueños es enigmático pero las mieles del significante son de quien se interrogue a sí mismo. Flectere si nequeo superos, acheronta movebo*.
*Si no puedo inclinar a los Poderes Superiores, moveré las Regiones Infernales.

